Los manifestantes organizaron una caminata por la paz para exigir que se asuman la responsabilidad por las actividades mineras que afectan a los ríos y a las comunidades rurales

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Originalmente publicado en Global Voices en Español

Kok River

Las comunidades exigen medidas mientras la contaminación del río Kok sigue sin resolverse. Foto: Prachatai, socio de contenidos de Global Voices.

Este artículo editado de Sheikh Mehzabin Chitra se publicó originalmente en Prachatai, medio de noticias independiente de Tailandia. Global Voices reproduce una versión editada en virtud de un acuerdo de colaboración de contenidos. Este artículo también forma parte de la serie especial de agosto de 2026 de Global Voices, «Derechos indígenas«. Puedes apoyar esta serie con una donación.

En julio de 2026, cientos de aldeanos, líderes indígenas, defensores del ambiente, monjes y activistas de la sociedad civil completaron una caminata por la paz de seis días a lo largo del río Kok, en el norte de Tailandia, para exigir medidas urgentes pues la contaminación del agua se ha agravado. Su mensaje fue claro: el río que ha sostenido a estas comunidades durante generaciones es cada vez menos seguro, y se necesitan medidas más contundentes para detener la contaminación transfronteriza antes de que los daños sean irreversibles.

El río Kok nace en el estado de Shan, en Myanmar, atraviesa las provincias de Chiang Rai y Chiang Mai, y desemboca en el río Mekong. Para las comunidades que viven a sus orillas, el río brinda agua potable, riego, pesca y transporte, además de ser un elemento fundamental de su identidad cultural. Sin embargo, hoy muchos habitantes temen que estos medios de subsistencia estén amenazados por la contaminación con metales pesados, vinculada a las actividades mineras río arriba, en Myanmar.

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La caminata por la paz se ha convertido en una de las mayores manifestaciones recientes para exigir responsabilidades por la contaminación que afecta a los ríos Kok, Sai, Ruak y Mekong. Los participantes instaron al Gobierno tailandés a reforzar la cooperación transfronteriza, investigar el origen de la contaminación y proteger a las comunidades cuyos medios de vida dependen de ecosistemas fluviales saludables.

Creciente crisis de contaminación transfronteriza

La preocupación por la contaminación del río Kok ha aumentado tras detectarse concentraciones elevadas de metales pesados, incluido arsénico, en varios ríos que fluyen desde Myanmar hacia el norte de Tailandia. Organizaciones ambientalistas y comunidades locales vinculan esta contaminación a la expansión de las actividades de extracción de tierras raras y otros minerales en Myanmar, operaciones que, según diversos informes, contarían con financiación de inversionistas chinos.

El problema va más allá del deterioro ambiental. Los agricultores dependen del agua de estos ríos para regar sus cultivos, mientras que las comunidades pesqueras necesitan ecosistemas acuáticos saludables para garantizar su alimentación y sus ingresos. Las autoridades sanitarias también han recomendado extremar las precauciones al consumir pescado y otros animales acuáticos procedentes de los ríos contaminados, dado el riesgo de exposición a metales pesados.

Las organizaciones de la sociedad civil advierten que la contaminación ya no se limita al río Kok, también afecta a los ríos Sai, Ruak, Salween y Mekong. Según la ONG Comité Coordinador para el Desarrollo, la turbidez del agua ha aumentado de considerablemente en varios tramos de la frontera entre Tailandia y Myanmar, mientras que las concentraciones de arsénico y plomo han superado los niveles de seguridad recomendados en varias comunidades.

Al tratarse de ríos que atraviesan fronteras nacionales, las comunidades situadas aguas abajo suelen asumir las consecuencias ambientales de actividades que tienen lugar fuera de la jurisdicción de Tailandia. Organizaciones ambientalistas sostienen que es necesario reforzar la cooperación regional entre Tailandia, Myanmar y China para identificar las fuentes de contaminación, mejorar los sistemas de supervisión y evitar que el deterioro ambiental siga avanzando.

La comunidades exigen responsabilidades

La preocupación pública ha aumentado, junto con la frustración por lo que muchos consideran falta acción efectiva.

El 6 de julio, integrantes de la Red Popular para la Protección de los ríos Kok, Sai, Ruak y Mekong marcharon hacia el Consulado General de China en Chiang Mai para entregar una petición en la que instaban a las autoridades chinas a regular las actividades de las empresas de ese país que operan minas en Myanmar. Los manifestantes sostienen que estas actividades mineras han contribuido a la contaminación de los ríos con metales pesados, lo que pone en riesgo a millones de personas que viven aguas abajo.

Sin embargo, antes de llegar al consulado, los manifestantes se encontraron con un bloqueo policial. El enfrentamiento se produjo cuando los policías intentaron retirar una pancarta que llevaba uno de los participantes. Dos manifestantes resultaron heridos: uno sufrió una fractura en un brazo y otro una luxación de hombro. Los manifestantes presentaron una denuncia ante la Policía por presunto uso excesivo de la fuerza. Por su parte, las autoridades sostienen que los policías actuaron conforme a los procedimientos establecidos por la ley. Uno de los heridos, Wisarut Srichan, también evalúa presentar demandas judiciales contra la Policía.

Dos días después, organizaciones de la sociedad civil se concentraron frente a la embajada china en Bangkok para exigir medidas ante la contaminación del agua y condenar la actuación policial en Chiang Mai. Los manifestantes reclamaron una investigación independiente sobre el uso de la fuerza contra quienes participaron en la protesta, y pidieron a las autoridades identificar las redes de inversión y las operaciones empresariales responsables de daños ambientales y posibles violaciones de los derechos humanos.

Defensores ambientales bajo presión

Los manifestantes en Chiang Mai aseguraron que no esperaban que la protesta terminara en enfrentamiento, ya que se trataba de una movilización pequeña y habían informado a la Policía de la marcha. Sin embargo, la violencia física no es la única amenaza que enfrentan los activistas ambientales en Tailandia.

Organizaciones de derechos humanos han documentado un aumento en el uso de las llamadas demandas estratégicas contra la participación pública contra líderes comunitarios, periodistas, investigadores y activistas que denuncian el impacto ambiental de proyectos inmobiliario. Aunque estos procesos finalmente terminen desestimados, suelen imponer una importante carga económica y psicológica a quienes los enfrentan.

Uno de los casos más citados es el del defensor ambiental Sumeth Rainpongnam, que enfrentó una demanda por 50 millones de baht (unos 1.5 millones de dólares) cuando defendía los derechos ambientales de su comunidad. Organizaciones de derechos humanos sostienen que este tipo de acciones judiciales buscan desalentar la participación ciudadana y hace que a las comunidades afectadas les sea más difícil denunciar problemas ambientales.

Comunidades indígenas que protegen los ríos

Para las comunidades indígenas del norte de Tailandia, proteger el río Kok es inseparable de proteger sus territorios, sus medios de vida y su patrimonio cultural.

Desde hace décadas, los karen y otros pueblos indígenas se oponen a proyectos que, a su juicio, amenazan los bosques y los sistemas fluviales de la región. En el distrito de Omkoi, comunidades karen cuestionaron un proyecto de extracción de carbón al considerar que las evaluaciones de impacto ambiental no tomaban suficientemente en cuenta los conocimientos indígenas ni las particularidades de los ecosistemas locales. Las comunidades también se han opuesto al proyecto de desvío de agua Yuam-Salween, por sus posibles efectos sobre los bosques, la pesca y los recursos hídricos, además de cuestionar si a los pobladores afectados se les consultó realmente durante el proceso de aprobación.

Estas movilizaciones reflejan una concepción más amplia de la protección ambiental. Para muchos pueblos indígenas, los ríos son ecosistemas vivos que sostienen la cultura, la alimentación y el bienestar de las futuras generaciones, y no simples recursos naturales destinados a la explotación.

Los participantes en la caminata por la paz del río Kok destacaron que las comunidades que han vivido durante generaciones a orillas de estos ríos tienen un valioso conocimiento del entorno que debería tomarse en cuenta en las iniciativas de conservación. También reclamaron mayor reconocimiento de los derechos territoriales indígenas, participación efectiva de las comunidades en las decisiones ambientales, sistemas transparentes de supervisión y mayor protección para quienes defienden el ambiente.

Mientras el norte de Tailandia sigue enfrentando los efectos de la contaminación transfronteriza, muchos habitantes sostienen que proteger el río Kok requiere algo más que respuestas de emergencia. Hace falta una cooperación regional sostenida, mecanismos para exigir responsabilidades a las empresas y más reconocimiento del papel de las comunidades indígenas, cuya relación histórica con el territorio ha contribuido durante generaciones a proteger los ríos de la región.

Para quienes participaron en la caminata por la paz, proteger el río Kok significa, en última instancia, mucho más que preservar un curso de agua. Significa defender la salud pública, la sobrevivencia cultural y el derecho de las futuras generaciones a heredar ríos seguros, vivos y sin contaminación.

Escrito (English) por Prachatai
Traducido (Español) por Melissa Peñaloza
Ver artículo original (English)