La muerte no anula la sentencia, ni la responsabilidad de los funcionarios que convierten a un criminal de guerra condenado en héroe
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Bardhyl Jashari, director ejecutivo de Metamorphosis Foundation. Foto de un archivo privado, usada con autorización.
Este artículo de Bardhyl Jashari se publicó primero en albanés en Portalb el 31 de agosto de 2026. Global Voices reproduce una versión editada en virtud de un acuerdo para compartir contenido con Metamorphosis Foundation.
La muerte no borra la sentencia. Cuando funcionarios gubernamentales ponen a un criminal de guerra en un pedestal, se afecta la dignidad de las víctimas, se debilita el estado de derecho, se perjudica la propia idea de Macedonia del Norte como una sociedad multiétnica, y compromete la visión europea del país. En el año en que Macedonia del Norte cumple 35 años de independencia ya deberíamos haber entendido que un Estado no se construye glorificando a criminales de guerra.
La muerte de Ratko Mladić, excomandante de las fuerzas serbiobosnias en la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995, no cambia la verdad sobre él: no fue un héroe ni una a víctima de La Haya, sino un criminal sentenciado a cadena perpetua por genocidio y otros delitos graves. Mladić murió el 27 de agosto cuando cumplía una sentencia a prisión perpetua. En 2017, lo declararon culpable de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, y la sentencia se rarificó tras una apelación de 2021. Las acusaciones se derivaban del genocidio en Srebrenica, persecución, exterminio, asesinato, deportación y transferencia obligada, terrorismo y ataques ilícitos contra civiles en Sarajevo, y de tomar en rehenes a trabajadores de Naciones Unidas. Sus crímenes fueron monstruosos, y por eso lo apodaron el “Carnicero de los Balcanes”. No son descripciones meramente políticas o emotivas, y su culpa no es una cuestión de opinión personal. La responsabilidad por genocidio y crímenes de guerra quedó establecida en una sentencia del Mecanismo Internacional Residual de los Tribunales Penales (IRMCT) en La Haya.

Tumbas en Monumento del Genocidio de Srebrenica para conmemorar a 8372 bosniacos musulmanes de la masacre cometida por fuerzas serbiobosnias al mando de Ratko Mladić en 1995. Foto de Michael Büker, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).
Por eso es inaceptable cómo algunos medios informaron de su muerte al público también. Escribir que murió en La Haya, enumerar sus enfermedades y llamados para su libertad sin explicar claramente por qué estaba ahí no es informar con neutralidad. Crea una falsa biografía en la que permanecen el uniforme y el grado militar, mientras las víctimas y los crímenes desaparecen.
Es más preocupante que la glorificación no se limitara a comentarios de los ciudadanos. El Partido Democrático de Serbio en Macedonia, encabezado por el ministro de Autogobierno Local, Ivan Stoilković, describió a Mladić como general que sirvió al Ejército y al pueblo, y sugirió que muchos lo recordarían «no por La Haya».

Captura de pantalla de una publicación en Instagram de Dalibor Kitanović, director de la Agencia para Ejercer los Derechos de las Comunidades de la República de Macedonia del Norte, que destaca al criminal de guerra sentenciado Ratko Mladić y al criminal de la Segunda Guerra Mundial y colaborador nazi Draža Mihailović, que fue cuya rehabilitación fue controvertida en 2015, con históricos líderes militares serbios y el texto: «Por la Cruz Honorable y la Libertad Dorada: generales del Ejército Celestial», publicado el 28 de agosto y eliminado después.
De parte, Dalibor Kitanović, director de la Agencia para Ejercer los Derechos de las Comunidades, publicó un fotomontaje que pone a Mladić entre los “generales del Ejército celestial”. Estas no son expresiones neutrales de pesar. Elevan a un criminal de guerra condenado a la condición de héroe nacional.
Cuando un ciudadano común y corriente hace algo así se podría decir que tenemos un problema social y que falta empatía, se minimiza y relativiza el delito del genocidio, que hay intolerancia y odio interétnicos, y más. Pero cuando lo hace un funcionario público, se vuelve un escándalo institucional y político, porque el mensaje viene de representantes del Estado. Es particularmente perturbador que esto lo haga el jefe de una institución cuya misión, por definición, debería ser garantizar igualdad de acceso, respetar las diferencias y promover los derechos de todas las comunidades
En Macedonia conviven varias comunidades étnicas y religiosas. Para los ciudadanos de etnia bosniaca que viven ahí, Srebrenica no es un acontecimiento histórico distante. Glorificar a un hombre condenado por genocidio contra los bosniacos les envía un mensaje de que su dolor y dignidad importan menos. Ese es un golpe directo a la confianza interétnica y la cohesión social, que sigue siendo frágil incluso sin esas provocaciones.
También hay que enfatizar que condenar a Mladić no representa una postura contra los serbios. Por el contrario, es un rechazo al intento de identificar a todo un pueblo con los crímenes de una persona y la ideología que los causó. La responsabilidad penal es individual, y el respecto por las víctimas debe ser universal.
Glorificar, negar o minimizar el genocidio y los crímenes de guerra no solo es moralmente inaceptable, también puede constituir un delito según la ley. El artículo 407-A del Código Penal establece responsabilidad penal por negar públicamente, minimizar ostensiblemente o justificar el genocidio, los crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, aunque se haga a través de sistemas informativos. La fiscalía y los juzgados deben determinar si las publicaciones cumplen con todos los elementos de un delito. Son las instituciones que tienen la obligación de examinar el caso y determinar si hay motivos para responsabilidad penal, y no ignorarlo simplemente. Sin embargo, la responsabilidad política y moral es un asunto aparte y no se debería tener que esperar a que concluyan los procedimientos judiciales. Se puede pedir la renuncia o destitución de un funcionario público en cuanto su conducta es considerada incompatible con los cargos públicos que ejercen, independientemente de si después se establece responsabilidad penal.
Muchos partidos políticos, como la Unión Social Democrática de Macedonia, la Unión Democrática por la Integración, el partido de Acción Democrática de Macedonia y el partido Democrático Liberal condenaron la glorificación y pidieron que se le responsabilizara.
La coalición VLEN, uno de los principales bloques políticos de etnia albanesa en Macedonia del Norte y socio del gobierno de VMRO-DPMNE, también reaccionó. Sin embargo, su respuesta debe evaluarse de otra manera porque VLEN es parte del Gobierno y comparte el poder con entidades y funcionarios políticos que glorificaron el criminal de guerra. Aunque en principio VLEN condeno la glorificación de Ratko Mladić y pidió “responsabilidad inmediata”, no menciona ni a Dalibor Kitanović ni a la Agencia para Ejercer los Derechos de las Comunidades, que lidera. Tampoco abordó directamente la declaración del Partido Democrático de Serbios en Macedonia, encabezado por el ministro Ivan Stoilković, socio de VLEN en la coalición gobernante. Una condena que no identifica claramente quién debe asumir la responsabilidad queda incompleta y permite que los socios gobernantes se oculten detrás de declaraciones generales
Al comienzo, el partido gobernante VMRO-DPMNE guardó silencio. El 30 de agosto dijo que la posición del Gobierno se basa en hechos legales establecidos internacionalmente y que los funcionarios que apoyaron a Mladić deberían retirar sus palabras o dejar sus cargos. Sin embargo, esta reacción también en tibia: no se menciona a los responsables, no se pide su destitución, y la responsabilidad del ministro Stoilković y el partido que lidera, que es parte del Gobierno, no se trata directamente. Por su parte, a Kitanović se le dio la oportunidad de borrar o retirar su publicación y seguir dirigiendo la agencia. Pero borrar una publicación no borra las opiniones expresadas ni el desconcierto y daño que causaron.
El 16 de julio, apenas un mes y medio antes de estos hechos, Macedonia del Norte apoyó oficialmente la declaración de la Unión Europea en la OSCE, que declara que en Europa no hay lugar para negar el genocidio, revisar ni glorificar a criminales de guerra sentenciados.
Es comprensible que las publicaciones de algunos funcionarios no detengan ni obstaculicen el proceso de integración de Macedonia del Norte a la Unión Europea. Sin embargo, tolerar esas opiniones de representantes gubernamentales socava la credibilidad del país candidato y demuestra que los valores europeos se adoptan en las declaraciones, pero no necesariamente en la práctica. Macedonia no puede condenar glorificar criminales de guerra en foros internacionales mientras tolera la misma conducta de sus propios funcionarios en el país.
Ratko Mladić ha muerto. Pero la ideología que convierte a un criminal de guerra en un héroe sigue viva cada vez que se tolera esa glorificación por diversos intereses partidistas o de otro tipo. El Gobierno debe demostrar claramente que se pone del lado de las víctimas, respeta la ley y protege nuestro futuro compartido, aunque esto requiera exigir responsabilidades a sus propios funcionarios y socios de coalición. Sin respeto por la dignidad de los ciudadanos, no puede haber cohesión social. Sin aceptar la verdad, no puede haber reconciliación. Y un Estado que tolera la glorificación de criminales de guerra no puede afirmar que está construyendo un futuro europeo.





