Protestas en línea o presenciales, ¿qué efectividad tienen?
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay. Utilizado bajo licencia de Pixabay.
Este artículo es parte de la serie Spotlight de septiembre de 2026 de Global Voices, “Protesta en democracia”. Con esta serie, buscamos explorar las diversas formas de protesta, las tácticas que los Estados utilizan para deslegitimarlas y suprimirlas, y la compleja relación entre la protesta y la democracia. Puede apoyar esta cobertura con una donación aquí.
La creciente popularidad y el uso generalizado de las redes sociales han influido en cómo se expresan las personas. Si antes las protestas consistían en salir a la calle con pancartas y consignas, hoy estas actividades también pueden llevarse a cabo en el espacio virtual. Los mensajes y lemas se transmiten a través de etiquetas, afiches digitales o videos publicados en distintas plataformas. Acontecimientos como la Primavera Árabe y el movimiento Occupy han reforzado aún más el fenómeno de la protesta en línea.
Ambas son eficaces, ¿no?
¿Qué diferencia hay entre las protestas en línea y las presenciales? Según la antropóloga Yatun Sastramidjaja, en un artículo para la Universidad de Ámsterdam, no hay diferencia significativa entre la protesta presencial y la virtual, salvo el escenario: el mundo real frente al mundo digital. A pesar de esa diferencia, ambas formas pueden movilizar multitudes, expresar opiniones y apoyarse mutuamente. Una protesta que empieza en línea puede extenderse a las calles, tal como ocurrió con la Primavera Árabe y el movimiento Occupy. Estas movilizaciones iniciadas en línea también sirven para dar a conocer problemas concretos, y luego dar lugar a protestas presenciales.
Estos movimientos en línea resultan atractivos porque se conectan con las tendencias culturales modernas, como memes, etiquetas, afiches y solicitudes en línea. Las campañas bien hechas suelen contratar a diseñadores gráficos especializados para elegir colores y tipografías específicas que transmitan un trasfondo significativo, están pensados con cuidado según la naturaleza de la protesta. Estos elementos visuales se aplican luego sistemáticamente en todas las plataformas digitales, incluidos sitios web, redes sociales, carteles y otros medios. En esencia, la protesta se trata casi como la marca de un producto, ya que requiere una identidad clara y fuerte.
Esta perspectiva es muy eficaz para instalar un movimiento social en la mente de las personas, ya que llega a quienes están acostumbrados a participar en protestas y a quienes se sienten atraídos por los temas planteados o por la imagen creada por los organizadores. También demuestra ser útil en diversos sectores demográficos con distintas formas de expresión. Estas protestas en línea han logrado movilizar a una amplia variedad de grupos, incluidos los fanáticos del K-Pop de todo el mundo.
El K-Pop, en especial su comunidad de seguidores, es un claro ejemplo de una cultura juvenil que ejerce influencia en diversos ámbitos. En Corea, desempeñó un rol importante en la destitución del presidente Yoon, mientras que en otros países, como Indonesia, los fanáticos del K-Pop han participado activamente en protestas sobre cuestiones sociales y políticas. Las interacciones entre los seguidores suelen darse en línea (en plataformas como X, Facebook y TikTok); por lo tanto, los movimientos a menudo empiezan como protestas virtuales y luego algunas personas salen a las calles junto con los demás manifestantes.
Sin embargo, también hay desventajas.
Aunque la protesta digital gana popularidad, sobre todo entre los jóvenes, también presenta varios inconvenientes. Uno es la desigualdad en el acceso a internet.
El libro de Merlyna Lim, Medios sociales y política en el Sudeste Asiático, señala que los primeros estudios sobre las plataformas digitales las aclamaban como un nuevo espacio para los procesos democráticos, ya que podían traspasar fronteras, y a la par, impulsar la participación y los movimientos sociales. Sin embargo, hoy en día, la distribución de la tecnología digital es desigual; por consiguiente, aunque puede traspasar las fronteras, las personas que participan siguen teniendo son sobre todo quienes ya tienen un buen acceso a la tecnología. Lim afirma:
I contend that, setting aside the issue of unequal access, digital networks are not egalitarian networks where citizens have equal opportunities to participate in public discourse. First and foremost, the internet is never inherently egalitarian. Instead, the structure of the internet exhibits the characteristics of a scale-free network—a network in which the degree distribution follows a power law.
Sostengo que, dejando de lado la cuestión del acceso desigual, las plataformas digitales no son espacios igualitarios donde los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de participar en el debate público. Antes que nada, internet nunca es igualitario por naturaleza. En cambio, la estructura de internet muestra las características de una red sin escala, una red en la que la distribución de grados sigue una ley de potencias.
Esta distribución desigual de la conectividad dificultará que las organizaciones de la sociedad recluten nuevos miembros de sectores distintos a su base actual. Además, las cámaras de eco se agravan por los algoritmos de internet que sugieren temas según los intereses de cada usuario, lo que genera un entorno restrictivo. Por ejemplo, si te interesa el activismo ambiental, tu bandeja de entrada se llenará de sugerencias sobre asuntos similares y es probable que no veas otras convocatorias que también puedan atraerte, ya que el algoritmo detectó tu interés en el activismo medioambiental.
Otro motivo de preocupación es la presunción de que quienes participan en protestas virtuales no están necesariamente dispuestos a salir a las calles ni a mantener un compromiso constante con las causas planteadas. Muchos participan en el activismo digital porque, además de la facilidad (como publicar memes o afiches en línea), también pueden refugiarse en el anonimato. Esto es diferente a salir a la calle, lo que conlleva mayor riesgo de enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Ante esto, la Fundación Open Society (OSF) sostiene que las protestas en línea atraen a jóvenes que se involucran por primera vez en asuntos sociales, y que esto constituye el primer escalón hacia el activismo presencial.
Es innegable que existen diversas fallas, pero en este breve artículo, OSF sugiere que las organizaciones de la sociedad civil pueden desarrollar estrategias a largo plazo al incorporar movimientos en línea para defender causas específicas. Esto implica planificar la participación digital y la presencial, además de facilitar una transición fluida entre ambas. En esencia, las organizaciones de la sociedad civil deben idear formas de mantener el interés público para que quienes al principio participan en línea sigan comprometidos con la causa a largo plazo y estén dispuestos a sumarse a actividades presenciales.
Para abordar la disparidad en el acceso a internet, las organizaciones de la sociedad civil deben seguir realizando talleres educativos presenciales y debates que lleguen a las personas con mala conexión a internet. En última instancia, aunque el acceso siga siendo desigual, tanto el activismo en línea como el presencial pueden contribuir significativamente a un movimiento y complementarse mutuamente.





