Un microbio de profundidad utiliza una enzima excepcionalmente resistente al calor para convertir el nitrógeno atmosférico en amoníaco a temperaturas que destruirían la mayoría de las proteínas. Su estructura inusual y un estado de reacción recientemente observado pueden revelar un antiguo mecanismo compartido detrás de la fijación de nitrógeno y eventualmente podría inspirar la producción de biotecnología y fertilizantes más limpias.

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