Al pueblo siraya le ha llevado más de 30 años redescubrir y revitalizar su lengua y su cultura.
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Activista siraya Cheng-hiong Talavan dirigió a jóvenes en el canto de una antigua canción siraya. Captura de pantalla del canal de Onini315 en YouTube.
Esta publicación es parte de la serie especial Spotlight de agosto de 2026 de Global Voices, «Derechos indígenas«. Esta serie ofrece una visión de las vidas y experiencias de los pueblos indígenas con el fin de establecer vínculos entre regiones, destacar las experiencias indígenas y contar historias de líderes, activistas, miembros de la comunidad y otras personas. Puedes apoyar esta cobertura con una donación.
El 30 de julio, los indígenas siraya fueron reconocidos oficialmente por decreto como el décimo séptimo grupo indígena de Taiwán. También son el primer grupo tribal de las llanuras en obtener el estatus indígena tras la aprobación de la ley de estatus de los pueblos indígenas de las llanuras en octubre de 2025.
Como otras tribus indígenas en Taiwán, la sociedad siraya fue matriarcal y su gente pertenecía a los austronesios, hablaban un idioma propio conocido como sinkang, que fue registrado mediante romanización por misioneros durante la época colonial neerlandesa (1624–1662).
Los siraya se establecieron en las llanuras del suroeste de la isla principal de Taiwán mucho antes de que la dinastía Qing derrotara al reino de Tungning (1662-1683), fundado por Zheng Chenggong, leal a la dinastía Ming, cuando algunas de las tribus fueron forzadas a reubicarse hacia la costa del suroeste.
El grupo tribal practicó el animismo y tenían practicas rituales únicas para venerar la interconexión espiritual entre el mundo humano y el natural. Sin embargo, su cultura y lengua estuvieron a punto de desaparecer como consecuencia de más de tres siglos de asimilación forzada, primero bajo la dinastía Qing, seguido por el dominio imperial japonés y luego la dictadura militar del Kuomintang de la Republica de China.
Le ha tomado más de 30 años a los siraya redescubrir, reconstruir y revivir su lenguaje y cultura. Este video muestra uno de los pocos rituales matriarcales que aún perduran:
Comparación de grupos indígenas de las llanuras y las montañas
Bajo la dinastía Qing (1684–1895), el pueblo indígena de Taiwán quedó dividido en dos categorías: Los «puros» o «bárbaros incivilizados» (生番), que vivían en las zonas montañosas y resistieron la administración de Qing, y también estaban los «maduros» o «barbaros civilizados» (熟番), que vivían en las llanuras, pagaban impuestos y se sometían al Gobierno. Los siraya fueron categorizados como barbaros maduros.
El gobierno Qing los forzó a abandonar su lengua natal, apegarse a las reglas manchú y raparse la cabeza, aprender chino y adoptar apellidos, rituales y cultura han.
Durante el periodo colonial japonés (1895–1945), los administradores japoneses continuaron dividiendo a los indígenas autronesianos en dos categorías: primero, indígenas de las llanuras o pingpu (平埔), que junto con los colonizadores han, fueron considerados nativos, y el segundo, los indígenas de las montañas o takasago, que consistían de nueve grupos étnicos únicos. Los pingpu y takasago fueron geográficamente segregados por una línea militar que construyeron los japoneses con propósitos administrativos, y las regiones montañosas quedaron bajo control militar.
Después del Kuomintang, partido que gobernó la República de China, huyó a Taiwán desde China continental tras su derrota en la guerra civil china en 1949, adoptó la división colonial japonesa, que distinguía a los grupos indígenas como «compatriotas de la montaña» (山胞) y pueblo pingpu, pero solo quienes vivían en zonas montañosas fueron registrados como pueblo indígena, mientras que a las tribus pingpu se les trató como ciudadanos han comunes.
Bajo la dictadura militar del Kuomintang (1949–1987), mediante la educación, medidas administrativas y la humillación publica, las tribus pingpu fueron obligadas a asimilar la cultura han. Por otro lado, las regiones de las montañas fueron designadas como «zonas restringidas» cuyo acceso requería permisos especiales. De este modo, el Kuomintang mantuvo el acceso exclusivo a las comunidades tribales y estableció relaciones de clientelismo con las élites indígenas —a través de nombramientos públicos y licencias comerciales— para sostener su dictadura de partido único mediante elecciones locales manipuladas.
En 1968, el gobierno del Kuomintang comenzó a registrar las tierras aborígenes de Taiwán como tierras de reserva aborigen, lo que otorgaba derechos de uso a las tribus indígenas y restringía la venta de terrenos a la población china han. Sin embargo, los vacíos legales propiciaron promotores inmobiliarios, empresas y gobiernos locales se apropiaran de tierras. A principios de la década de 1990, cuando Taiwán inició su proceso de democratización, los pueblos indígenas dispusieron del espacio para reivindicar sus derechos.
Movimientos por los derechos indígenas desde la democratización
Desde la democratización, emergieron miles de movimientos por los derechos indígenas y trajeron una serie de cambios políticos substanciales. El término despectivo “compatriotas de las montañas” fue reemplazado con «pueblo indígena» en 1994, el sistema de registro del uso obligatorio del apellido han quedó eliminado en 1995, en 1996 se creó un Consejo de Pueblos Indígenas con rango ministerial para coordinar los asuntos pertinentes, en 1997 se legisló sobre los derechos colectivos de los indígenas, y en 1998 se legisló el derecho de los pueblos indígenas a la educación.
Sin embargo, la reivindicación del estatus de pueblo indígena de los descendientes de los pingpu quedó postergado, pues sus tierras ancestrales son terrenos llanos con potencial para el desarrollo. Algunos sostenían que los pingpu se habían asimilado a la etnia han con matrimonios mixtos, mientras que a otros les preocupaba que incorporar nuevos miembros indígenas ampliara el grupo de ciudadanos con privilegios, ya que los pueblos indígenas de Taiwán tienen derecho a escaños reservados en la legislatura, y a beneficios sociales y educativos derivados de medidas de acción afirmativa.
Recién en 2022, con un histórico fallo del Tribunal Constitucional, se reconocieron los derechos indígenas de los pingpu; ese reconocimiento se consagró después en la ley de estatus de los pueblos de las llanuras de 2025. El pueblo siraya es el primero de los grupos pingpu en lograr el reconocimiento de su estatus indígena, un proceso que se prolongó durante más de 30 años.
Al igual que otras tribus pingpu, la lucha de los siraya comenzó con la reivindicación de los derechos sobre la tierra, ya que se les había excluido del registro de sus territorios ancestrales bajo la política de tierras de reserva aborígenes. Sus protestas derivaron en batallas legales y movimientos culturales entre las tribus indígenas pingpu, que incluye a los siraya.
Entre los activistas siraya, destaca la dedicación de la familia Talavan, que ha consagrado tres generaciones a revivir la cultura y la lengua siraya. La primera generación, representada por Cheng-hiong Talavan, de 85 años, fundó la Asociación Cultural Tainan Pepo Siraya (TPSCA) en 1999 con el fin de reconstruir el legado histórico del pueblo siraya y preservar su cultura con historia oral y recopilación de vestigios. Su hija Uma Talavan y su yerno, Edgar Macapili —miembro del pueblo indígena bisaya de Filipinas—, descifraron la lengua sinkang. Para eso, tradujeron palabra por palabra —al inglés, al neerlandés y al bisaya (lengua austronesia similar al sinkang)— de una versión siraya del evangelio de san Mateo elaborada originalmente por misioneros neerlandeses. La pareja logró recuperar 4000 términos del vocabulario sinkang y utilizó el idioma para escribir libros infantiles y canciones educativas. La tercera generación, compuesta por Euphone y Lici Talavan, se ha dedicado a revitalizar la cultura siraya y a fomentar el conocimiento sobre ella.
Estas son cinco canciones ancestrales siraya interpretadas por jóvenes estudiantes:
Un miembro de la familia Talavan, bajo el nombre de usuario @miss5langs, destacó la importancia del reconocimiento del estatus indígena de los siraya mediante una publicación en Threads:
西拉雅正名,不是為了把任何人排除在外,也不是為了製造對立,而是希望那些曾經被歷史遮蔽的名字,終於能夠重新被看見。
也希望更多人能因為這次正名,願意去了解臺灣這片土地真正的歷史,理解平埔族群曾經走過的道路,理解語言與文化為什麼會消失,也理解這些族人並不是突然出現,而是一直都在。
即使現在的我生活在國外,我仍然會很驕傲地告訴身邊的人:我是來自臺灣,我是西拉雅族。這不是為了任何福利,也不是為了任何標籤,而是因為,這一直都是我的名字。
El reconocimiento del estatus indígena de los siraya no busca excluir a nadie ni generar divisiones, sino asegurar que los nombres, antes ocultos por la historia, puedan finalmente volver a verse.
Espero también que, mediante esta restitución [de la identidad], más personas se animen a conocer la verdadera historia de Taiwán, a comprender el camino recorrido por los pueblos pingpu y las razones por las que sus lenguas y culturas desaparecieron, y a reconocer que estos pueblos no surgieron de repente: siempre han estado aquí.
Aunque ahora viva en el extranjero, seguiré diciendo con orgullo a quienes me rodean: soy de Taiwán y soy siraya. No lo hago por obtener beneficios ni por adoptar una etiqueta; sencillamente, porque este ha sido siempre mi nombre.
Además de los siraya, los grupos kavalan, ketagalan, taokas, pazeh, papora, babuza, hoanya y makatau se clasifican como pingpu, y también están trabajando para solicitar el reconocimiento oficial de su estatus indígena.





