Las protestas nepalíes de septiembre de 2025 dejaron cicatrices físicas, emocionales y financieras en muchos jóvenes
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Protestas de la Generación Z de Nepal contra la corrupción en Bharatpur, centro-sur de Nepal. Imagen vía Wikipedia de Himal Subedi (CC BY-SA 4.0).
Este artículo es parte de la serie Spotlight de septiembre de 2026 de Global Voices, “Protesta en democracia”. Con esta serie, buscamos explorar las diversas formas de protesta, las tácticas que los Estados utilizan para deslegitimarlas y suprimirlas, y la compleja relación entre la protesta y la democracia. Puede apoyar esta cobertura con una donación aquí.
Nepal conmemoró su primer Día de los Mártires de la Generación Z el 8 de septiembre de 2026 con un feriado nacional, cuando se cumplió exactamente un año desde que jóvenes manifestantes tomaron las calles e impulsaron un cambio fundamental en todo el sistema social y político del país.
En septiembre de 2025, Nepal se vio envuelto en manifestaciones nacionales encabezadas principalmente por estudiantes e integrantes de la Generación Z. El movimiento comenzó cuando el Gobierno prohibió varias redes sociales, pero rápidamente se transformó, pese a no tener un liderazgo definido, en una expresión colectiva de frustración ante la corrupción y la ineficiencia gubernamental. Durante varios días, la juventud nepalí se movilizó en todo el país para protestar contra las restricciones a la libertad de expresión en línea, y también contra la corrupción, el presunto desvío de fondos públicos y la ostentación de riqueza por parte de las élites políticas y sus familias. Las manifestaciones desembocaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad que se intensificaron y derivaron en uso ilícito de la fuerza, incluidas graves violaciones a los derechos humanos.
La frustración de Liza
Entre las víctimas de la violencia está Liza Adhikari, de 21 años, que recibió un disparo de fusil SLR mientras estaba frente al edificio de la Secretaría del Parlamento. El proyectil la impactó por la espalda, atravesó su cuerpo y salió por delante, y le dejó una herida que no se cura con simples suturas.

Liza Adhikari es trasladada en camilla al Hospital Centro Nacional de Traumatología en Katmandú, media hora después de recibir el disparo. Imagen vía Liza Adhikari. Utilizada con autorización.
Adhikari, estudiante del último año de licenciatura en Administración de Empresas en la Universidad de Katmandú, no ha podido regresar a clases desde el incidente. Además del daño físico, enfrenta una pesada carga emocional.
Ella solicitó ayuda económica a través de redes sociales y recorrió diversos hospitales en Nepal en busca de tratamiento. Ante las limitadas opciones locales, viajó a India, donde recientemente se sometió a una cirugía de plexo braquial, la red nerviosa que transmite señales desde la médula espinal hacia el hombro, el brazo y la mano que permite el movimiento y la sensibilidad.
En una entrevista en línea con el autor desde un hospital en India, Adhikari explicó a Global Voices que el proyectil causó severos daños en la estructura ósea de su brazo y que los médicos le informaron que los vasos sanguíneos dejaron de funcionar correctamente. Las probabilidades de una recuperación completa continúan siendo inciertas; aun así, no ha perdido la determinación.

Liza Adhikari en la actualidad, en la provincia de Mahakali (Sudurpaschim), Nepal. Fotografía tomada por su madre. Utilizada con autorización.
Esa misma determinación fue la que la llevó a marchar aquel día, un hecho que hoy recuerda con hondo pesar. Aunque le extrajeron la bala, las secuelas continúan condicionando su salud y sus estudios.
Liza no era la única en las calles esa jornada.
La historia de Shantanu
La sobrevivencia de Shantanu Dhakal de Itahari, distrito de Sunsari, provincia de Koshi, refleja las repercusiones de una violencia que ya no se limitaba a la capital.
El 8 de septiembre de 2025, Shantanu estaba en la universidad sin imaginar que la jornada de protesta marcaría un punto de inflexión en su vida. En los días previos, se había informado sobre la convocatoria a través de redes sociales.
El joven de 18 años, hijo único de una familia agricultora de clase media del distrito de Morang, en el este de Nepal, se sumó a la marcha en Itahari con convicción, y portaba una pancarta con consignas elaboradas junto a sus amigos.
“Durante la primera hora, las calles estuvieron tranquilas. Pero de repente, la multitud comenzó a marchar con agresividad, quemaba objetos y lanzaba piedras contra la propiedad pública y la oficina municipal. Duró unas dos horas. Cerca de las 16:00 horas, dispararon balas y gases lacrimógenos contra la población civil. Cuando sonó el primer disparo, la bala fue a parar a otro lado; nadie supo dónde. Pero cuando dispararon por segunda vez, no me di cuenta de que el impactado era yo”, relató en una entrevista en línea.
En cuestión de segundos, la manifestación a la que se había unido con entusiasmo se convirtió en una lucha por sobrevivir.
Recobró el conocimiento un minuto después, tras ser trasladado a una clínica cercana donde le vendaron la herida. Después, lo llevaron en camilla al Hospital Universitario Birat. De ese trayecto recuerda que “había perdido la audición y la vista por completo. Es probable que ningún receptor sensorial estuviera funcionando correctamente en ese momento”.
Su primer instinto fue correr, lo que probablemente evitó lesiones mayores. La bala le ingresó por el lado izquierdo de la mandíbula, fracturó el hueso alveolar y lesionó los tejidos blandos de la cavidad bucal antes de desplazarse hacia el tórax.
Lo que siguió no fue solo una intervención de urgencia, sino el inicio de un largo proceso de rehabilitación. Inicialmente se le realizó una traqueotomía y permaneció intubado para poder respirar. Después necesitó injertos como parte de su tratamiento.
Mientras que para algunos una herida termina por convertirse en una simple marca física, para Shantanu la cicatriz preserva el recuerdo de lo vivido. Incluso diez meses después, el trauma reaparece. Hay días de arrepentimiento y memorias dolorosas; otros, de adaptación y aceptación. Al final, la vida continúa.
Sin embargo, las secuelas van más allá de la piel. La lesión limitó sus movimientos físicos, sobre todo al comer y dormir, y el impacto es aún más evidente cuando trabaja en el campo. Su cuerpo ha pasado por dos intervenciones quirúrgicas, aunque ninguna es considerada de alta complejidad.

Shantanu de pie frente a la oficina del primer ministro en Singhadurbar, Katmandú. Imagen por Shantanu. Utilizada con autorización.
El proceso de recuperación también representó una carga financiera para su familia. Los medicamentos recetados no siempre se consiguen con facilidad y son costosos. Por fortuna, la mayor parte de la atención médica fue cubierta por el Gobierno de Nepal.
No todos los que salieron a las calles sufrieron heridas corporales, pero muchos quedaron marcadas por el miedo y el trauma.
La historia de Riya
La policía Riya (nombre protegido) vivió una experiencia similar. En una entrevista presencial con el autor, relató que el 8 de septiembre de 2025 estaba prestando servicio en Baneshwor, Katmandú, junto a varios compañeros. “La calle estuvo en calma durante la primera media hora, pero de pronto la situación se tornó violenta».
«A algunos de mis compañeros se los llevó la Policía, mientras que a mí me impactaron varias piedras, lo que me causó severas contusiones en el pie izquierdo. Me trasladaron a un hospital cercano y me vendaron la herida”, detalló.
El temor persistió tras salir del centro médico. “Fue el momento más aterrador. Incluso ya en casa, esa sensación tardó en desaparecer”, recordó.
Tan solo el 8 de septiembre, 19 personas perdieron la vida durante las protestas y cientos resultaron heridas. Sin embargo, las muertes no acallaron los reclamos. Abhijeet Adhikari, abogado y activista político, reflexiona sobre esa jornada en conversación telefónica con Global Voices: “No se respetó ningún principio de proporcionalidad”, lo que intensificó que la ciudadanía pidiera que se asumieran responsabilidades.
Justicia y responsabilidades
Tras la instauración de un gobierno interino a raíz de las movilizaciones, se iniciaron múltiples investigaciones para determinar responsabilidades e impulsar procesos judiciales. Una comisión de investigación judicial encabezada por Gauri Bahadur Karki recomendó detener a las autoridades involucradas, como el entonces primer ministro K. P. Sharma Oli y el ministro del Interior, Ramesh Lekhak, entre otros.
No obstante, en julio de 2026, un panel de revisión independiente determinó que las pruebas disponibles eran insuficientes para imputarles responsabilidad penal. Un año después, las acciones judiciales enfrentan divisiones políticas y el esclarecimiento de las responsabilidades continúa siendo incierto.
En medio de estas indefiniciones, Liza, Shantanu y Riya expresaron sus reflexiones sobre el impacto de las protestas y las secuelas de la violencia al cumplirse el aniversario.
Para Liza, aquellos días permanecen ligados al arrepentimiento y a las consecuencias de una decisión que desearía cambiar. “Quizás, si hubiese escuchado a mis padres ese día, esto no me habría pasado”, expresó.
Riya optó por no quedarse atrapada en el pasado. “Lo que pasó, pasó. Ya quedó atrás”, dijo, aunque mantiene sus reservas sobre el rumbo del país.
Por su parte, Shantanu lidia con la cicatriz en su rostro sin permitir que defina su futuro. Recién graduado de la secundaria, avanza a su ritmo y se prepara para ingresar a la carrera de Ingeniería. Al mirarlo, su sonrisa lo dice todo.
Quizás esa sea la fortaleza que define a cada sobreviviente como él.








