«Cualquier actividad que altere la salud de los océanos podría tener consecuencias a largo plazo…»
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Toma desde abajo del agua de una embarcación con una bandera jamaicana en la arte inferior del casco. Imagen creada con elementos de Canva Pro.
Para la comunidad pesquera de Jamaica, el mar ha sido siempre la fuente principal de alimento, sustento, libertad y futuro. Es su despensa, su lugar de trabajo y su espacio cultural, pero a medida que las empresas multinacionales ponen el ojo sobre los minerales que se encuentran muy por debajo del fondo del océano, surgen las preguntas: ¿qué pasará con quienes viven de la pesca en estas aguas cuando el lecho marino mismo se convierta en un recurso a explotar?
La respuesta a esa pregunta podría ser determinante para el futuro de la actividad pesquera de Jamaica, y los efectos del cambio climático ya pesan sobre la resiliencia de las comunidades. La minería de aguas profundas genera penachos de sedimentos, destruye hábitats y reduce la biodiversidad, lo que incide en la cadena alimentaria y deja a pescadores ante una economía marina incierta.
¿Qué es la minería de alta mar?
El Centro Oceanográfico Nacional define la minería de aguas profundas como el «proceso mediante el cual se extraen recursos minerales del lecho marino, generalmente, a mas de mil metros de profundidad». Estos recursos consisten en cobalto, cobre, manganeso, níquel y otros elementos raros que se utilizan para fabricar las baterías de vehículos eléctricos, turbinas de aire, paneles solares y dispositivos electrónicos de uso cotidiano.
A pesar de ser claves para promover energía limpia mundial, la minería de estos elementos genera seria preocupación por el ambiente. Para quienes viven de la pesca en Jamaica, la situación se traduce en que algunos de los minerales que aportan soluciones climáticas en otros lugares podría suponer nuevos riesgos para las aguas de las que depende su subsistencia.
Un debate global con riesgos locales
La minería de aguas profundas se ha convertido en uno de los debates ambientales más críticos de nuestro tiempo, que supone una amplia variedad de consecuencias para un país como Jamaica, donde la identidad y la economía están tan estrechamente vinculadas al mar. Si bien actualmente no se está contemplando esta industria en las aguas jamaicanas, las conversaciones en torno del tema suscitan cuestiones críticas sobre gobernanza, el impacto sobre los medios de vida y la resiliencia ecológica.

Geógrafo Jesse Cleary, del Laboratorio de Ecología Marina Geoespacial de la Universidad de Duke. Foto usada con autorización.
En Kingston, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), organismo intergubernamental responsable de regular la actividad relacionada con los recursos minerales del lecho marino más allá de las jurisdicciones nacionales, continúa debatiendo cómo, dónde y en qué condiciones podría ejecutarse la minería. Estas conversaciones en desarrollo son críticas y nada abstractas para Jamaica.
Jesse Cleary, geógrafo de la Universidad de Duke, explica: «No sabemos a ciencia cierta qué impactos tendría [la minería de aguas profundas]», y agregó que la incertidumbre que rodea el tema exige que se observe con detenimiento. Un documento normativo de la relatoría especial de Naciones Unidas de 2025 señala que la minería de aguas profundas representa una potencial amenaza a la protección de los derechos humanos, en particular los derechos a la seguridad alimentaria y culturales, que son el centro de las comunidades costeras.
Diego Alonso Lillo Goffreri, abogado miembro de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), advierte: «Si nos descuidamos, otros tomarán las decisiones por nosotros». Enfatizó que la ausencia de la sociedad civil beneficia a los Gobiernos y a las empresas que promueven la minería sin que se asuman responsabilidades.
El riesgo para las comunidades costeras
Alex Simpson, director de zonas marinas protegidas de la Fundación Alligator Head, explica: «La seguridad alimentaria, el sustento, el turismo y la identidad cultural de las comunidades costeras de Jamaica dependen enteramente de un ecosistema marino sano. Cualquier actividad que perturbe la salud oceánica, ya sea mediante penachos de sedimentos, ruido subacuático o alteraciones ecológicas, podría acarrear consecuencias para las poblaciones que dependen de esos ecosistemas».
Simpson señala que, incluso antes de que comience la minería, «el solo hecho de que se la mencione plantea la necesidad de que Jamaica fortalezca la gobernanza sobre su océano, invierta en investigación científica y garantice que las decisiones sobre los recursos marinos se apoyen en sólidas pruebas y una efectiva participación ciudadana».
Pesca y sustento
«Si la minería de aguas profundas altera la población de especies marinas, sus patrones migratorios, zonas de desove o la red alimentaria en general», enfatiza Simpson, «estas alteraciones podrían reducir las capturas e incrementar la incertidumbre entre las comunidades pesqueras».
Además, menciona otro posible factor de tensión que aumentaría su vulnerabilidad: «Mientras se encaminan medidas para pasar a la pesca pelágica, las rutas migratorias de estas especies podrían ser las más afectadas, y eso anularía los esfuerzos por diversificar los medios de sustento».
Preocupación por la biodiversidad y la ecología
Existen otros aspectos que se deben considerar. Simpson destaca que la minería causaría una destrucción de hábitats, penachos de sedimentos, ruido subacuático y la liberación de agentes contaminantes. Tales alteraciones afectarían directamente a los organismos de mar profundo y, en consecuencia, modificar la relación ecológica entre los ecosistemas profundos y superficiales.
A partir de sus propios estudios acústicos en arrecifes de coral, Simpson explica: «el sonido incide en la salud del arrecife y el reclutamiento de los peces, pero no contamos con datos sobre el posible impacto del ruido generado por la minería sobre los arrecifes y la población de peces. Desde una perspectiva conservacionista, Jamaica debería evitar cualquier daño irreversible hasta que la ciencia pueda evaluar fehacientemente los riegos».
Conocimiento y participación comunitaria
Simpson cree que es posible mejorar la información que reciben las comunidades: «Si bien la minería de aguas profundas es compleja, y muchas poblaciones costeras, como es entendible, priorizan los problemas más inmediatos, esta realidad hace más esencial la información accesible, equilibrada y sustentada científicamente».
Se debe empezar por la gente en el terreno, o más bien en el agua. «El conocimiento local de la comunidad pesquera ofrece perspectivas que se escapan al método científico», enfatiza Simpson. «Las comunidades deben tener la oportunidad de enterarse de los potenciales argumentos económicos tanto como del riego ambiental, hacer preguntas y participar activamente en la toma de decisiones. Y lo más importante, esa participación debe ocurrir antes de avanzar con las decisiones políticas».
El papel de la sociedad civil
Simpson considera que la organizaciones no gubernamentales y otras entidades de la sociedad civil desempeñan un papel fundamental, pues «pueden transmitir las complejidades de la ciencia en un lenguaje accesible, facilitar el diálogo entre las partes interesadas y asegurarse de que las voces locales tengan la misma representación que el personal técnico y político».
También estas organizaciones pueden «identificar fallos en las investigaciones, promover la toma de decisiones prudentes y fomentar las políticas que den prioridad a la sustentabilidad ambiental a largo plazo a la par de las consideraciones económicas».
Por qué debe importarle a los jamaicanos
Aunque los debates sobre comercial minería en aguas profundas están bien avanzadas, las negociaciones en curso en la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos afectan en qué condiciones debería proceder en la Zona, el lecho marino y el suelo oceánico más allá de la jurisdicción nacional.
Para Jamaica, donde está la sede central de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos y que participa en estas negociaciones, el proceso es muy cercano. Aunque las zonas que se consideraron inicialmente para la minería están en gran parte en el océano Pacífico, las reglas que se negocian en Kingston están hechas para regir actividades relacionadas con minerales en toda la Zona, donde sea que ocurran.
Esto significa que lo que ocurre en el Pacífico no es simplemente un asunto regional. Las decisiones que se tomen ahora ayudarán a establecer el marco de trabajo internacional de cómo se regulará la minería en aguas profundas, qué salvaguardas ambientales se necesitan, cómo se dividen los beneficios y cómo asumen su responsabilidad países y empresas.
Por tanto, el Pacífico ofrece a Jamaica y al Caribe en general un importante caso de estudio. Las incertidumbres científicas, las preguntas sobre gobernanza y las inquietudes planteadas por las comunidades del Pacífico y defensores de los océanos pueden ayudar a los países de la región entender las posibles consecuencias de un rubro que podría extenderse más allá del Pacífico.
Para Jamaica, prestar atención a estas novedades no se trata de asumir que los mismos impactos se darán en el Caribe, sino de entender las reglas que se crean, las lecciones que surjan lecciones de los debates del Pacífico, y qué significaría para los pescadores, la gobernanza oceánica y futuro de región.
A partir de ahí, las conexiones solo se vuelven más complejas. Muchas especies marinas se mueven mucho a través de límites nacionales y oceánicos en sus ciclos de vida, mientras los ecosistemas oceánicos se vinculan por redes de alimentos interconectadas. Los cambios a hábitats de aguas profundas o los organismos que sostienen esas redes podrían tener consecuencias más allá de la zonas minera inmediata, dependiendo de las especies y los procesos ecológicas involucrados.
Entender esos caminos es importante para los países caribeños, pues consideran lo que la minería de aguas profundas puede significar para sus propios ecosistemas marinos y pesquerías. Simpson enfatiza que las “decisiones que se tomen hoy sobre industrias emergentes, como la minería de aguas profundas, podría tener consecuencias que duren por generaciones”.
De otro lado, Cleary ve que las aguas que rodean los países caribeños, “se superponen de manera ecológica y económica». Dice que aunque los territorios toman decisiones individualmente, “lo que sus vecinos hacen tiene un efecto grande». Así, se necesita solo un accidente o un proyecto mal gestionado para eclipsar la reputación de la región como excelente destino turístico.
Para los pescadores, los riesgos potenciales son menos inmediatos, pero vale la pena considerarlos. Cleary señala que las actividades mineras cerca de la costa ya compiten con por el espacio y pueden contaminar las aguas donde viven tortugas, tiburones y delfines. Si la minería de aguas profundas se expande a zonas que sustentan ecosistemas marinos y pesquerías interconectadas, podría agregar otra capa de incertidumbre a pescas ya reducidas.

Diego Alonso Lillo Goffreri, abogado de la Agencia Interamericana de Defensa Ambiental (AIDA). Foto usada con autorización.
Entender cómo esos impactos alcanzan, si es que alcanzan, las aguas jamaicanas necesita más evidencia sobre movimientos, redes de comida y otras conexiones oceanográficas de las especies. Goffreri enmarca el asunto en términos de derechos: “Primero, tienes el riesgo del impacto en los medios de vida y seguridad alimentaria del país [y] hay un gran asunto que se pasa por alto en los derechos de pueblos indígenas”.
Hay estudios científicos que refuerzan estos problemas. Un artículo de 2025 revisado por pares de PLOS ONE reveló que la minería de aguas profundas podría aumentar en 13% y elevar los riesgos sociales entre 8 y 11%. Estas cifras forman parte de un análisis hecho con simulación del estudio que se hizo con minería de aguas profundas y sin minería de aguas profundas.
Otro estudio de la Universidad de Hawái en Mānoa que se publicó en Communications, mostró que las columnas de sedimento por la minería de aguas profundas podría afectar el zooplancton y el micronekton, y amenazar al atún y otros peces comercialmente importantes.
Brechas de gobernanza e impacto comunitario
Aunque la minería de aguas profundas sigue en fase de prueba, Goffreri señala que los “Gobiernos no suelen facilitar la participación de la sociedad civil, porque es un obstáculo para que asuman responsabilidades». Advirtió “hay muchos mecanismos regulatorios fuera del Código Minero […] el umbral ambiental que debía desarrollarse no han progresado».
En cambio, hay presión para aprobar regulaciones rápidamente, lo que pone en riesgo la minería sin las debidas medidas de seguridad. El Código Minero de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos tiene el objetivo de equilibrar prioridades como proteger el entorno marino, garantizar una justa distribución de beneficios y fijar parámetros claro. La Autoridad también señala que actualmente no hay explotación comercial de recursos minerales de aguas profundas en la Zona; las actividades actuales se limitan a exploración y estudios ambientales de base.
Sin embargo, Goffreri sostiene que “es improbable que los países puedan tener control efectivo en una actividad que está tan lejos y tan en profundo en el mar. Esto es básicamente ciencia ficción”. Al mismo tiempo, le preocupa que, que, como los mecanismos para distribuir los beneficios son débiles, es probable que los ingresos beneficien a las empresas y no a las comunidades.
Esto sugiere que las comunidades costeras y pesquerías de Jamaica pueden cargas con los costos ambientales sin ver rédito económico. Casi no se ha debatido la compensación para los países en desarrollo cuyas economías mineras en tierra podrían verse alteradas, lo que deja a las pequeñas naciones y sus pescadores vulnerables a impacto económico.
Voces que faltan
Las perspectivas de la pesca de Jamaica y otras organizaciones relacionadas con las aguas profundas no participan en la narrativa, lo que destaca una realidad complicada: quienes probablemente se vean más afectados por la minería de aguas profundas no son parte de la conversación, lo que revela una brecha entre la toma de decisiones y quienes se ven más directamente afectados.
Sin iniciativas más decididas para informar, incluir y fortalecer a las comunidades costeras de Jamaica, los pescadores corren el riesgo de quedar excluidos de la toma de decisiones que definirán sus medios de vida y sus vínculos culturales con el mar.
Por ahora, la minería de aguas profundas sigue siendo una posibilidad inminente más que una realidad vivida, pero como señala Cleary: «En realidad no sabemos cuál podría ser el impacto en toda su magnitud». Goffreri agrega: «Solo si mostramos interés en el proceso y alentamos a nuestros países a hacer lo correcto, así se lo hará».
Simpson lanza un llamado contundente sobre el contexto específico de Jamaica: «Los océanos saludables son fundamentales para comunidades saludables y economías resilientes. Aunque existe incertidumbre científica, esa duda debería fomentar una consideración cuidadosa y no complacencia. Debemos adherirnos al principio de precaución: cuando los riesgos son inciertos pero potencialmente graves, debemos priorizar la protección».
Para los pescadores de Jamaica, que ya enfrentan los crecientes desafíos del cambio climático, tener voz en estas decisiones es especialmente importante. Si bien los efectos de la minería en aguas profundas dependerían de dónde y cómo se realicen las actividades, las decisiones que se tomen hoy podrían tener consecuencias para los ecosistemas marinos y la pesca más allá de las zonas donde se lleve a cabo la minería. Será esencial garantizar que se tomen en cuenta las inquietudes y los conocimientos de las comunidades costeras a medida que se desarrollen estas normas».




