Artículo colaborativo sobre distintas formas de música de protesta a lo largo del tiempo y la geografía

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Originalmente publicado en Global Voices en Español

Image made via Canva Pro.

Imagen hecha vía Canva Pro, cortesía de Sydney Allen.

Este artículo es parte de la serie Spotlight de septiembre de 2026 de Global Voices, “Protesta en democracia”. Con esta serie, buscamos explorar las diversas formas de protesta, las tácticas que los Estados utilizan para deslegitimarlas y suprimirlas, y la compleja relación entre la protesta y la democracia. Puede apoyar esta cobertura con una donación aquí.

Desde hace casi tanto tiempo como existen los gobiernos y clase dominante, ha habido música para burlarse, exigirles un cambio y expresarles las quejas. La música puede ser una forma poderosa de resistencia, particularmente en contextos antidemocráticos en lo que la acción directa puede ser peligrosa. Esta ofrece una manera de subvertir a quienes están en el poder, de conectar con otros a nivel emocional, y una canción pegadiza y memorable se puede extender más rápido que cualquier discurso o lema político.

Aunque la mayoría cree que la música de protesta es un fenómeno relativamente moderno, como canciones contra la injustica y violencia racial a lo largo del siglo XX, himnos contra la guerra de la década de 1960, las baladas de independencia, son solo ejemplos recientes en una larga historia de personas que utilizan la música para expresar su descontento.

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Ya en el siglo I, los textos romanos mencionaban a los “bardos” como miembros distinguidos de la sociedad gala. Estas figuras eran músicos respetados e instruidos que usaban versos, música y sátira para contar historias, y cantar alabanzas y burlas. Tenían un poder inmenso para influir en la opinión pública —a favor o en contra de los monarcas y jefe tribales gobernantes— lo que causaba temor entre quienes estaban en el poder y, tras una intensa campaña de persecución, casi provocó su completa desaparición para el siglo VI. Sin embargo, la tradición persistió y continuó como una forma importante de resistencia durante las épocas coloniales en los siglos siguientes.

Los himnos contra la esclavitud que los esclavos cantaban oralmente son otra forma de resistencia musical que data de mucho antes de la era de la música moderna. Aunque estas canciones y géneros presentaban una gran diversidad en todas las comunidades —el kaiso en Trinidad y el Caribe, el espiritual en el sur de Estados Unidos y la capoeira en Brasil, por mencionar algunos—, todos tenían elementos de mensajes codificados, de preservación cultural y de crítica hacia los dueños de esclavos, al tiempo que promovían la esperanza en la libertad.

Como dijo el investigador profesor Alan Finlayson, que ha estado investigando las canciones de protesta a lo largo de toda la historia, en una entrevista para la Universidad de Anglia del Este:

«Algo que encontramos a lo largo de los siglos fue que la gente se quejaba de quienes estaban en el poder: monarcas, comandantes militares y parlamentarios. Por más de 400 años, se ha estado cantando sobre autocomplacencia, pereza y falta de preocupación  de los gobernantes hacia la gente ‘común y corriente'».

Esta moda —utilizar la música para criticar a aquellos en el poder— es igual de poderosa, o incluso más, en la actualidad, ya que las redes sociales y las plataformas de emisión continua permiten que la música de protesta llegue a nuevas audiencias alrededor de todo el mundo. Como parte de la serie Spotlight de septiembre de 2026 de Global Voices, “Protesta en democracia”, los miembros de nuestra comunidad darán en este artículo colaborativo ejemplos de música de protesta del pasado y del presente de sus comunidades.

Poetas improvisadores de Kirguistán alzan la voz por el pueblo

Como sucedió con los bardos en Irlanda, en septiembre de 2026, el espacio en línea de Kirguistán se llenó de debates sobre la censura del Gobierno, después de que Aaly Tutkuchev, uno de los tokmo akyn más famosos y prolíficos —tipo específico de poeta improvisador kirguiso—, declaró que lo habían retirado de un concierto para celebrar el Día de la Independencia del país, en Talas, al noroeste del país.

Explicó que en un principio, las autoridades locales lo habían invitado y que él había aceptado presentarse en las festividades, pero tras la intervención de autoridades centrales a último minuto, le comunicaron que su nombre había sido retirado de la lista de artistas. Más tarde, el gobernador de Talas explicó que eliminaron a Tutkuchev del programa por una nueva dirección conceptual para el concierto que no involucraba a los tokmo akyns, no por censurarlo.

Luego de que el público se indignó y le mostró su apoyo, Tutkuchev agradeció y dijo que ha «crecido acostumbrado a que (el Gobierno) lo anulara», y que solo reza para que Dios no lo anule «del corazón de la gente».

En Kirguistán, donde las personas han vivido como nómadas cientos de años y la literatura oral ha sido un parte central de la cultura, los tokmo akyns, como Tutkuchev, ocupan un lugar especial en la vida social y política de la nación, lo que los acerca a la gente común. También salen al frente en tiempos de crisis y duelo, y componen canciones que unen a las personas y las ayudan a superar los días difíciles.

Un ejemplo perfecto es una canción de despedida «Chyngyz olbos bolsochu» (Si Chyngyz pudiera ser inmortal), que Elmirbek Imanaliyev interpretó en 2008 en el funeral del célebre escritor kirguiso Chyngyz Aitmatov. La canción ayudó a las personas a sobrellevar la pérdida de quien podría decirse fue el escritor kirguiso más destacado y querido.

Durante siglos, los tokmo akyns han entretenido a la gente con sus canciones que escribieron sobre la marcha, y también han actuado como sus portavoces ante dirigentes y gobiernos, planteado problemas y declarado injusticias.

El mismo Tutkuchev lo hizo en dos ocasiones en los últimos seis años, lo que llevó al incidente más reciente. En 2020, mientras se presentaba en Biskek, la capital de Kirguistán, frente al expresidente en el Día de la Independencia, Tutkuchev se salió del guion y cantó sobre la corrupción endémica en los tribunales, el servicio de aduana y los funcionarios de alto rango, lo que llevó a los organizadores a hacerle señas reiteradas veces para que terminara su actuación.

En este video de YouTube se puede escuchar la canción.

En 2022, luego de que el Gobierno comenzó a encarcelar a los activistas por sus protestas en redes sociales, Tutkuchev interpretó una canción que hablaba de cómo el Gobierno se había vuelto paranoico, y comenzó a arrestar jóvenes y mujeres mayores, lo que ha empeorado la situación y debilitado la paz y la unidad del país. Los detenidos se pronunciaron contra la entrega del embalse de Andiján como parte de un acuerdo de delimitación fronteriza con Uzbekistán.

En este video de YouTube podemos apreciar la canción.

Es probable que la popularidad y el prestigio de Tutkuchev lo hayan salvado de ser detenido. Sin embargo, a colegas menos conocidos no les ha ido muy bien bajo el régimen político actual de Kirguistán, que llegó al poder en 2020 y condujo al país al autoritarismo. Por ejemplo, Bolot Nazarov, tokmo akyn que trabajó con un equipo de periodistas de investigación y convirtió sus hallazgos sobre la corrupción en canciones en kirguiso.

En este video de YouTube está la canción de Nazarov para Tashiyev.

A Nazarov lo detuvieron en 2022 y 2023 por cargos inventados que afirmaban que distribuía drogas y que robó un caballo. Al final, quedó absuelto, pero tuvo que pasar varios meses en detención preventiva. Los arrestos ocurrieron con el trasfondo de las investigaciones que Nazarov abarcó en sus canciones sobre los sistemas de corrupción que involucraban a miembros de la familia del exjefe de seguridad, Kamchybek Tashiyev, quien para ese momento se encontraba en el poder.

Esta forma de protestas literaria permitió a los tokmo akyns actuar como un puente entre el Gobierno y el pueblo, al canalizar el sentir del público de manera artística y sin violencia. Su popularidad y su posición social como símbolos vivientes de cultura nacional aportaron un grado de inmunidad a la persecución, e hizo que los funcionarios de Gobierno fueran más receptivos a las críticas que podrían desestimar fácilmente, de otro modo.

Canciones de protesta en Australia

Australia tiene un largo historial de canciones de protesta y resistencia que se remonta a los primeros años de colonización penal.

Amnistía Internacional de Australia publicó 10 canciones de cambio social con resúmenes breves que incluían versiones de YouTube, que incluyen clásicos indígenas como «Tratado» de Yothu Yindi, “Grandes cosas nacen de las cosas pequeñas”, de Paul Kelly/Kev Carmody y «Las camas están ardiendo«, de Midnight Oil.

El himno feminista «Soy mujer» de Helen Reddys, estrenado en 1971, también es una de sus elegidas. Otras canciones que no aparecen en la lista incluyen las baladas antibélicas «La banda tocaba Waltzing Matilda«, de Eric Bogle, sobre la Primera Guerra Mundial y «Solo tenía 19 años» de Red Gum, sobre la guerra de Vietnam. Muchos australianos también incluirían a la lista «El Sanh» de Chisel, himno a favor de la paz sobre los veteranos australianos que regresan a casa luego de pelear en Vietnam.

La canción revolucionaria de Nepal

“Gaun Gaun Bat Utha”, que significa levántense desde todo pueblo, es una canción de protesta que se interpretaba en las campañas democráticas durante el régimen sin partidos políticos del Panchayat en Nepal (1961–1990).

La canción que compuso Shyam Tamot y cantó junto al dúo Raamesh y Raayan sirvió como himno durante las protestas estudiantiles.

El grupo juvenil Ralfa, que incluía a Raamesh, Raayan, Manjul y Arim hicieron giras por Nepal cantando «Gaun Gaun Bat Utha” y “Gariba ko Chameli» como protesta contra el régimen de Panchayat. Las canciones hablaban sobre desigualdades sociales e injusticias.

Rapero desencadena movimiento a nivel nacional

En Togo, el rapero Aamron, cuyo nombre es Tchala Essowè Narcisse, se convirtió en una de las caras del movimiento de protesta de 2025. El rapero es activo en redes sociales, en especial TikTok, y ha sido muy crítico con el gobierno del presidente de Togo, Faure Gnassingbé.

Irónicamente, el 26 de mayo convocó a las personas a celebrar el cumpleaños del presidente el 6 de junio. Ese mismo día, lo arrestaron en su casa en Lomé. El 5 de junio reapareció en un video en el que se disculpaba con el presidente y decía que lo habían internado en un hospital psiquiátrico, versión que su familia y la oposición rechazaron.

Su arresto fue uno de los detonantes de las protestas del 5 y 6 de junio de 2025 que tuvieron represión y violencia, y dieron lugar a nuevas manifestaciones entre el 26 y el 28 de junio, en las que murieron al menos siete personas según grupos de la sociedad civil.

El 21 de junio, Aamron fue liberado, pero el 19 de septiembre lo volvieron a arrestar, quedó bajo supervisión judicial y confiscaron su pasaporte. Más allá del caso individual de Aamron, su arresto ilustra el rol tradicional del rap y se presenta como una forma de resistencia en un contexto semiautoritario.

Misha cuenta su historia y sus canciones

Como parte de los pódcasts de Global Voices, grabamos una entrevista con Misha, activista ruso que actualmente busca asilo en España. Misha es persona trans, poeta y músico, y ha grabado varias canciones de protestas, y también el álbum titulado Todos somos libres. Dice que la música lo está ayudando a atravesar el trauma que ha vivido por ser activista por la paz ruso y queer.

Una de sus canciones, «Al carajo la guerra», es un tributo a lo que nunca fue: la banda de chicas Tatu, cuyo productor presentó en el escenario como un «acto queer» y que por un momento se convirtió en un símbolo de esperanza para la comunidad LGBTQ+ rusa (y en ese momento, incluso en todo el mundo). Desde que Rusia comenzó la invasión masiva de Ucrania en febrero de 2022, Tatu ha dado un giro político total. Pasaron de ser un símbolo a favor de la comunidad LGBTQ+ a convertirse en un grupo homofóbico que apoya al régimen de Putin y la guerra con Ucrania.

Este es el enlace a la canción “Al carajo la guerra”:

En cierto modo, su cambio refleja el rumbo que ha tomado Rusia desde principios del siglo XI: pasó de adoptar toda la cultura “occidental” considerada “genial” o de moda, incluida la diversidad sexual, a negar y reprimir todo desacuerdo y proclamarse modelo de los valores rusos “tradicionales”, que excluyen y rechazan a las personas LGBTQ+.

Este es el enlace a la entrevista completa:

De los saris negros a los estudios silenciados: la historia de la música de protesta en Pakistán

De Rai M. Azlan

La música de protesta en Pakistán jamás ha respetado a quien está al mando.

Si observamos la historia de la cultura pop pakistaní, el gobierno del general Ayub Khan dio a Pakistán una lección temprana de lo que sucede cuando un artista dice no. En 1965, el gobernador de Pakistán Occidental convocó a la actriz y bailarina Neelo a presentarse ante el sha de Irán. Ella se negó, la llevaron a la fuerza a la casa del gobernador y, aunque los relatos difieren sobre los detalles, se desplomó o intentó quitarse la vida ante que ceder.

El poeta de izquierda Habib Jalib transformó el suceso en poesía casi inmediatamente y el verso raqs zanjeer pehen kar bhi kiya jata hai (el baile puede continuar incluso encadenado) se volvió un importante lema de protesta. Cuando el esposo de Neelo, el cineasta Riaz Shahid, le dio el papel para la película Zarqa de 1969, el poema de Jalib fue musicalizado e incorporado al guion casi sin cambios, y convirtió un acto privado de negación en una canción que todos los pakistaníes de una algunas generaciones pueden seguir tarareando. Aquí está la canción “Raqs zanjeer pehn kr b kiya jata h” completa:

Veinte años después, bajo el régimen de un dictador mucho más severo, tuvo lugar el acto de desafío musical más emblemático de Pakistán. El 13 de febrero de 1986, la cantante clásica Iqbal Bano subió al escenario en Lahore vestida con un sari negro, prohibido por el general Zia-ul-Haq por considerarlo contrario al islam, y cantó el poema prohibido por la ley de Faiz Ahmed Faiz «Ya veremos» ante 50,000 personas. El Gobierno cortó el sistema de sonido, pero siguió difundiéndose en copias piratas de casetes.

Sin embargo, la represión no terminó con los militares. En 1996, bajo un gobierno electo, la cadena estatal prohibió la canción “Ehtesaab» de Junoon, ampliamente interpretada como un ataque al gobierno de Benazir Bhutto.

Durante el Movimiento de Abogados entre 2007 y 2009, la banda Laal musicalizó la poesía de Faiz y Jalib, y se convirtió en la banda sonora del movimiento. Muchos jóvenes conocieron así a aquellos poetas legendarios.

Para 2011, la música de protesta había llegado a YouTube: “Aalu Anday”, de Beygairat Brigade, se burlaba de políticos y generales, los llamaba por su nombre. Eso se volvió viral, lo que llevó al Estado a bloquear los sitios web donde estaba la canción.

Hay otro peligro, más silencioso, que vale la pena señalar: músicos silenciados por los militantes y no por gobernantes. En Jáiber Pastunjuá, mientras los talibanes ganaban terreno en la primera década de 2000, al menos trece artistas pastunes fueron asesinados entre 2008 y 2017. En 2016, el reconocido intérprete de qawwali sufí Amjad Sabri fue asesinado a tiros en Karachi; una facción del Talibán pakistaní asumió la responsabilidad, por presunta blasfemia.

Hoy en día, es extraño encontrar nuevas canciones de protesta, no por falta de injusticias sino porque la lista de actores que pueden sancionar una canción ha crecido, y con eso, el costo de ser escuchado.