Se intensifican los patrones climáticos, y Latinoamérica enfrenta un desafío cada vez mayor en materia de seguridad alimentaria

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Originalmente publicado en Global Voices en Español

A man in a deserted landscape with a dead sheep, and a bright sun in the back, showing a heated and dry environment. Illustration made by Connectas. Used with permission.

Ilustración de Connectas. Usada con autorización.

Este artículo de Fabiola Chambi se publicó originalmente en CONNECTAS el 2 de septiembre de 2026. Global Voices reproduce una versión editada en virtud de un acuerdo editorial.

“Estamos tristes, totalmente desesperados, hemos perdido llamas, alpacas, ovejas, hasta ahora ni siquiera hemos podido contabilizar (…) Con eso nos solventamos, hacemos estudiar a nuestros hijos y vendemos nuestros productos a la ciudad”. La última nevada fuerte que René Luna recordaba lo sorprendió hace casi 25 años, pero nunca como esta vez. Un manto blanco cubrió el paisaje y cientos de animales quedaron sepultados en su municipio del centro de Bolivia, ahora declarado zona de desastre.

Esa situación, según los expertos, es una consecuencia del fenómeno conocido científicamente como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), que en Latinoamérica ocasiona extremas temperaturas o falta de precipitaciones en plena época de lluvias, lo que conlleva también pérdidas de cultivos en localidades rurales donde los productores ven, con impotencia, cómo se desploma su esfuerzo de meses o incluso años.

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La sostenibilidad de las familias latinoamericanas depende del arduo trabajo en el campo, los sistemas de distribución y el acceso. Pero lamentablemente esa cadena cada vez es más vulnerable debido a eventos climáticos que la alteran y agravan la situación de algunas subregiones.

En la edición de 2026 de “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, cinco organismos internacionales indicaron en el informe que “el 25,8% de la población mundial (alrededor de 2100 millones de personas) padeció inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025, lo que significa que, en ocasiones, esas personas se vieron obligadas a optar por consumir alimentos de menor calidad o en menor cantidad”. Paradójicamente, los datos revelaron una disminución del hambre por tercer año consecutivo, lo que significa que las mejoras son posibles, pero siguen siendo frágiles y desiguales.

Lena Savelli, directora regional del Programa Mundial de Alimentos (WFP), explica que para entender este fenómeno en relación con la seguridad alimentaria hay que tomar en cuenta tres factores: uno, las condiciones del campo; dos, los precios y la disponibilidad en el mercado, y tres, el poder adquisitivo y las dietas de las familias.

Predice que “Lo que vamos a ver probablemente dentro de los próximos meses, es que las sequías o las lluvias extremas (…) van a reducir rendimientos de cultivos claves como el maíz, los frejoles, el arroz, e incluso el cacao y el café, que van a encoger sus ofertas y subir los precios en los mercados y tiendas (…) Entonces, esto significa comer más caro y con menos variedad, especialmente para quienes ya tienen ingresos bajos. Las familias pueden ver que la canasta básica de su hogar se encarece y las compras se vuelven más difíciles”.

Sin embargo, Latinoamérica y el Caribe enfrentan una paradoja, dice Savellli: “Es una región exportadora, pero a la vez tiene el costo más alto del mundo para una dieta saludable. Como casi cinco dólares, 4.91 dólares exactamente por persona al día. Y las personas en esta región no tienen esos ingresos para poder alimentar a sus familias, millones no pueden permitirse comer bien. Por eso, tenemos una doble carga de hambre, pero también tenemos obesidad que impacta la economía”.

De acuerdo con el seguimiento de WFP, varios países ya han declarado emergencias y se prevé que El Niño se intensifique durante el segundo semestre del año. Para Jhenifer Mojica, experta agrícola y exembajadora colombiana en la Organización de Alimentos y Agricultura (conocida como FAO), “la agricultura familiar, que incluye a los pueblos indígenas y comunidades locales, es el núcleo del suministro de alimentos, pero no hay mucha conciencia sobre la manera en cómo dependemos ese suministro”. El 80% de la seguridad alimentaria de nuestros países depende de estas pequeñas producciones”.

“Un productor individual apenas puede lidiar con esto solo, y lo que vamos a ver es una enorme cantidad de pérdidas, como ya lo estamos viendo», agrega Mojica. “Por ejemplo, los incendios forestales en Tolima, región predominantemente agrícola donde se cultivan café, cocoa, frutas y verduras. Para una familia de agricultores, una cosecha no es simplemente una cosecha, es perder los bienes de su familia”.

El Niño enciende las alarmas

Este fenómeno comprende tres fases: El Niño, cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial tienen un calentamiento anómalo que ocurre en promedio cada dos a siete años y suele durar de nueve a 12 meses. La Niña, cuando esas aguas se enfrían más de lo normal. Y una tercera fase caracterizada por la transición entre ambos, con temperaturas promedio o en sus valores habituales, y una duración de uno a seis meses.

Para Christian Domínguez, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, este fenómeno ha existido siempre porque es parte de una variabilidad natural y con el tiempo ha sufrido modificaciones cada vez más intensas

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM) las zonas de riesgo climático serán el Corredor Seco Centroamericano (franja que atraviesa Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala), el Caribe y el norte de Sudamérica, que enfrentarán especialmente sequías, déficit hídrico y olas de calor.

Por su parte, la costa del Pacífico de Ecuador y Perú podrá verse afectada por lluvias extremas e inundaciones. Y el sudeste de Sudamérica tendrá precipitaciones superiores al promedio y tormentas severas.

Un futuro difícil

Muchos Gobiernos avanzan en acciones rápidas para atender las emergencias, pero aún falta un camino importante para alcanzar una prevención eficiente. Savelli señala sobre abordar las causas estructurales: “No solamente se trata de producir más, tenemos que enfrentar retos como desigualdad persistente, baja movilidad social y dietas poco nutritivas. Varios países de la región todavía luchan con altas tasas de desnutrición infantil, y debemos fortalecer los sistemas alimentarios locales para asegurarnos también de que la producción llegue a los mercados”.

Algunas buenas experiencias se destacan en el Corredor Seco de Centroamérica, donde están implementando alertas sobre cuándo sembrar o no, y mensajes prácticos de prevención. Otra alternativa son los seguros climáticos para proteger a personas, empresas y Gobiernos frente a pérdidas económicas causadas por eventos meteorológicos.

Los riesgos también se extienden al acceso a servicios básicos, salud (por la proliferación de mosquitos), afectaciones en la infraestructura, transporte y empleos. Según el informe “El Niño 2026-2027 y el mundo del trabajo en América Latina y el Caribe” de la OIT, los trabajadores informales, rurales y quienes desempeñan sus labores al aire libre están entre los más expuestos. Como lo explica el informe: “El Niño 2026-2027 es, ante todo, una prueba de la resiliencia institucional de América Latina en un momento de acumulación de impactos externos”

El Niño regresó en junio y sus efectos ya son visibles desde el espacio. 🛰🌊
Nuevos mapas muestran concentraciones de clorofila mucho más bajas que en otros años en el Pacífico ecuatorial, una señal de cambios en el fitoplancton que sustenta la red trófica marina. https://t.co/vJlP0v0XYQ

— NASA en español (@NASA_es) August 25, 2026

As Domínguez adds, “We also have to consider that climate change is intensifying phenomena we already knew: droughts, heavy rains, heat waves, even cold waves. These existed long before, but by altering our environment, our atmosphere, we now face the consequences. So how do we live with this? We need to learn to adapt and respond through early-warning systems.”

Como añade Domínguez: “También debemos tomar en cuenta que el cambio climático está exacerbando los fenómenos que ya conocíamos como las sequías, las lluvias intensas o las olas de calor, incluso las olas gélidas, pero eso ya existía desde hace mucho tiempo, solamente que nosotros modificamos nuestro entorno, nuestro ambiente, la atmósfera y tenemos consecuencias y repercusiones. Ahora, ¿cómo convivir con esto? Tenemos que saber adaptarnos y responder a estos eventos por medio de sistemas de alerta temprana”.