Para la mayor parte de la población, el suministro eléctrico inestable se ha convertido en un problema crónico de la vida cotidiana
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Capturas de pantalla de las protestas en cuatro estados de Venezuela (Zulia, Lara, Portuguesa y Falcón) en medio de los cortes de luz en todo el país, tomadas del video de YouTube de NTN4 titulado «Los venezolanos ya no aguantan más los cortes de luz y salen a las calles a protestar», publicado el 3 de septiembre de 2026. Uso legítimo.
Este artículo es parte de la serie Spotlight de Global Voices de septiembre 2026, «Protesta en democracia«. Esta serie busca explorar las distintas formas de protestas, las tácticas que usan los Estados para deslegitimarlas y reprimirlas, y la compleja relación entre la protesta y la democracia. Puedes apoyar esta cobertura con una donación.
“Ayer no tuvimos electricidad durante 11 horas. El día anterior, fueron siete”, explica Yanira, artista y diseñadora de 33 años que vive con su padre enfermo en Maracaibo, una de las ciudades más afectadas por el racionamiento de electricidad de Venezuela. En una región donde las temperaturas son altas durante la mayor parte del años, estar sin electricidad es más que una incomodidad. Para su familia, los apagones afectan directamente su salud, trabajo y rutinas diarias.
Y Yanira no está sola.
En todo el país, los apagones son cada vez más largos e impredecibles, y están interrumpiendo trabajo, educación, negocios y sueño. En varias ciudades, la frustración ha pasado a las calles, los ciudadanos protestan contra los apagones y bloquean los caminos en la oscuridad.
En agosto, ciudadanos de varias ciudades, como Turmero y Valencia, tomaron las calles en la noche para protestar contra una situación que empeora. Las manifestaciones llegaron cuando las autoridades aumentaron el racionamiento de electricidad en respuesta a la creciente presión en la frágil red eléctrica del país.
La crisis es particularmente severa fuera de Caracas, donde se ha informado de apagones programados durante entre seis y quince horas al día en varias regiones. Las autoridades también han implantado menos horas de trabajo para algunos empleados del sector públicos, y llegado a un acuerdo con los centros comerciales para reducir el consumo de electricidad.
El Gobierno ha atribuido al aumento de los apagones en parte a los efecto de El Niño, que ha causado sequía y temperaturas inusualmente altas para Venezuela. Sin embargo, también hay una serie de factores que empeoran la situación, como el gran fallo de la planta hidroeléctrica Guri, cuando colapsó una de sus turbinas, que generaba 770MW.
Los problemas de electricidad del país son anteriores a las actuales condiciones climáticas. El sistema de energía de Venezuela ha sufrido por años de pocas inversiones, mal mantenimiento y acusaciones de corrupción, con el resultado de un sistema que cada vez satisfacer menos las necesidades de electricidad del país.
Una crisis medida en horas perdidas
Para quienes viven en Maracaibo, una de las ciudades económicamente más importantes de Venezuela, la crisis se ha vuelto profundamente personal. Yanira dice que pasa al menos seis horas al día sin electricidad.
Los apagones han afectado sus medios de vida y su salud mental.
A ella se le ha hecho difícil encontrar trabajo o trabajar remotamente, porque los apagones complican que esto funcione. Al final, empezó a gestionar pequeños negocios desde casa, primero vendía emparedados y cepillados zulianos —dulces helados en láminas populares en la región—, pero mantener la comida congelada y las bebidas frías es un dificultad constante cuando la electricidad puede desaparecer sin advertencia:
Mientras se despliega diplomacia de alto nivel en el extranjero, ¿cuánto tiempo más podrán soportar millones de venezolanos los apagones diarios bajo un calor extremo?
Mientras la demanda nacional de electricidad alcanzó un máximo sin precedentes de 16,030 MW, las graves fallas en las turbinas de la central hidroeléctrica de Guri y una deteriorada infraestructura termoeléctrica han sometido a la red eléctrica de Venezuela a una presión extrema.
A esto se suma la implacable ola de calor provocada por el fenómeno climático «Meganiño», por lo que los ciudadanos de todo el país sufren cortes prolongados de luz que dejan a los hospitales a oscuras, cierran negocios y ponen en peligro vidas humanas.
Los momentos difíciles llegan de noche. Sin aire acondicionado, dormir se vuelve difícil en el intenso calor de Maracaibo, y aunque abrir las ventanas trae algo de alivio, también deja que entren insectos tropicales. Yanira dice que la situación ha afectado tanto su sueño que empezó a tomar pastillas para dormir.
Su experiencia refleja un problema mayor. Según una encuesta de condiciones de vida en Venezuela 2025, solo cerca del 10% de venezolanos vive sin apagones. Para la mayor parte de la población, que la electricidad no sea confiable se ha vuelto una parte crónica de la vida diaria.
Los apagones también están afectando las economías locales. La Cámara Nacional de Comercio informó que el 38% de empresas ha cerrado durante el año, en medio de los efectos combinados de la crisis de la electricidad del país y las mayores dificultades económicas.
En Puertos de Altagracia, estado de Zulia, donde también queda Maracaibo, Sara Hernández trabaja en una empresa que vende agua embotellada. Incluso con acceso a un generador, que un negocio funcione durante los apagones es difícil porque el combustible no siempre está disponible. La incertidumbre hace que planificar sea casi imposible. Las electricidad puede desaparecer en cualquier momento, y algunos negocios pasan por más de un periodo de racionamiento en un solo día.
Las consecuencias van más allá del comercio. En Maracay, la región central de Venezuela, Kellys Gallardo dijo a El País que recibe mensajes de texto diarios de la empresa eléctrica estatal, Corpoelec, que le advierte de apagones planificados, pero a veces los mensajes llegan cuando ya cortaron la energía.
Gallardo, que trabaja en una empresa que fabrica cartuchos de tinta para impresoras, tiene apagones en el trabajo y en casa. Sus hijos se perjudican cuando el racionamiento afecta su escuela.
De frustración a protesta
Mientras los apagones pasan a ser más largos y menos predecibles, la rabia se vuelve cada vez más visible en espacios públicos. Quienes han soportado apagones en silencio ahora se reúnen en las calles, bloquean caminos y exigen soluciones. En ciudades como Turmero, Valencia, El Tocuyo, Caja Seca, Calabozo, Zaraza y Valle de la Pascua, las protestas nocturnas han destacado cuánto ha entrado la crisis eléctrica en la vida diaria.
En 2026 hubo un significativo auge en la frecuencia y amplia naturaleza de disturbios civiles en Venezuela. El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social documentó aumento de 4000 protestas entre enero y agosto, cifra que Marco Antonio Ponce, coordinador del Observatorio, indicó que es el triple de la cantidad que había en franjas horarias anteriores comparables. Hubo 22 manifestaciones diarias en agosto, y los apagones eran las principales quejas del público.
Para los venezolanos, el problema se trata más de sentarse en la oscuridad. Significa que los negocios pierden productos y horas de trabajo, los niños no tienen electricidad en la escuela, las familias tienen dificultades para en el calor extremo, los trabajadores no pueden planificar sus días, y no se puede acceder a los servicios de salud. En la unidad de diálisis de Barquisimeto, por ejemplo, la falta de electricidad dejó a 42 pacientes renales sin tratamiento.
Problema que lleva años
La actual emergencia de electricidad de Venezuela repite su crisis de 2019, cuando una severa sequía redujo los niveles de agua en el reservorio de Guri, el complejo hidroeléctrico que suministra una gran parte de la electricidad del país. Uno de los acontecimientos más importantes de este periodo fue un apagón nacional de seis días.
La crisis actual se desarrollo además de años de deterioro del sistema eléctrico. Venezuela tiene una capacidad instalada de generación de aproximadamente 30,000 megavatios, pero actualmente produce menos de la mitad de esa cantidad. La brecha se vuelve particularmente problemática en periodos de gran demanda.
Recientemente, el Gobierno anunció nuevas inversiones para reconstruir el sistema eléctrico. En junio, las autoridades firmaron un acuerdo con la estadounidense General Electric para restablecer mil megavatios de capacidad generadora más de dos años, con planes de otros 5000 megavatios en los siguientes cuatro años.
También se anunció otro acuerdo que involucra el proyecto hidroeléctrico de Tocoma, cuya construcción empezó en 2007 pero nunca se completó. Las autoridades dicen que estos proyectos forman parte de una iniciativa mayor para recuperar la infraestructura de electricidad de Venezuela.
Sin embargo, para los ciudadanos que viven entre apagones, los planes a largo plazo ofrecen alivio inmediato. En un país donde los cortes de electricidad han persistido por años, cada nuevo apagón lleva el peso de una historia mucho más larga, en que un servicio público esencial se ha vuelto cada vez menos confiable, mientras se deja a los ciudadanos a la espera de que la luz vuelva a encenderse.





