Las niñas no pueden continuar sus estudios ni sus sueños profesionales después del sexto grado escolar.
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Niñas afganas en un aula. Captura de pantalla del video ‘Niñas afganas rinden exámenes a pesar de no haber asistido a la escuela durante un año’ en el canal de YouTube de Al Jazeera English. Uso legítimo.
Este artículo de S. Haidari de 2025 se reproduce con su consentimiento como parte de una serie de especial que cuenta las historias de niñas y mujeres de Afganistán tras la toma de poder del Talibán en agosto de 2021.
Soy una niña de tierra afgana, un suelo que ha enterrado innumerables sueños bajo su superficie.
Yo era una niña con grandes sueños para mi futuro; sueños que sabía que solo podía lograr con trabajo duro, educación y resiliencia frente a muchos desafíos.
Junto a mi padre, que me apoyó como una sólida fortaleza, trabajé sin descanso para acercarme a mis sueños, sin escatimar esfuerzos para buscar mi objetivo.
Y entonces mi país quedó envuelto en las llamas de la guerra, y los sueños de muchos quedaron reducidos a cenizas. Aun así, no perdí la esperanza. Continué con mi empeño, a pesar de las duras circunstancias por alcanzar un futuro brillante y próspero.
Cuando los talibanes arrojaron su sombra sobre nuestro país, la vida cambió para todos, especialmente para las niñas. Todo se volvió más difícil, pero las niñas de mi tierra no se quedaron calladas. Se levantaron y pelearon por sus derechos.
Con el paso del tiempo el conflicto se profundizó, y las puertas de nuestras esperanzas y aspiraciones se fueron cerrando. Mis compañeras y yo nos encontramos en una situación en las que los muros que nos aprisionaban cerraban todo camino hacia el futuro.
A moverse y explorar nuevos caminos
En medio de todo esto, mi padre nunca se rindió. Siempre buscó la manera de crear oportunidades para que mi hermana y yo pudiéramos continuar con nuestros estudios. Nos mudamos a otra ciudad con la esperanza de seguir estudiando, pero incluso ahí las puertas del conocimiento y del aprendizaje se cerraron para nosotras.
A pesar de todo, nunca desistí de seguir buscando nuevos caminos para continuar con mi formación. Al final, ingresé a un instituto para estudiar ciencias de la obstetricia, ya que era el único lugar donde todavía se permitía que las muchachas estudiáramos.
Pero al poco tiempo el Talibán ordenó clausurar todas las instituciones educativas, y a las niñas se les impidió estudiar cualquier disciplina.
Fue entonces cuando la desesperación llegó a su punto máximo. Nos despojaron de todo, incluso de nuestros derechos humanos más básicos.
Fieles a los sueños
Países vecinos y la comunidad internacional continuaron apartando la mirada, como si las niñas afganas nunca hubiésemos existido. Ante esta opresión e injusticia, permanecieron en silencio y no tomaron ninguna medida para mejorar nuestra situación.
De todas maneras, como joven afgana, continúo creyendo en mis sueños y me mantengo firme ante cada obstáculo. Aunque las puertas de la educación se nos hayan cerrado, nunca dejaré de intentar, no importa cuántas limitaciones se interpongan frente a nosotras.
Tengo la certeza de que si se les niega el derecho de estudiar a las niñas afganas, no solo perderán su futuro, sino que la sociedad afgana perderá también su oportunidad de un mejor mañana.
Como niña afgana, sigo siendo fiel a mis sueños y mantengo la esperanza de que, algún día, el mundo escuchará nuestras voces y defenderá nuestros derechos. Sigo soñando con un futuro brillante y próspero para todas las niñas valientes de mi país: Afganistán.





