Aunque el alcalde de Nueva York se lo haya dejado para reivindicar la salud masculina, su nuevo aspecto coincide con un fenómeno más amplio: ya no hacen falta razones para dejarse bigote
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Aunque el alcalde de Nueva York se lo haya dejado para reivindicar la salud masculina, su nuevo aspecto coincide con un fenómeno más amplio: ya no hacen falta razones para dejarse bigote

Aunque el alcalde de Nueva York se lo haya dejado para reivindicar la salud masculina, su nuevo aspecto coincide con un fenómeno más amplio: ya no hacen falta razones para dejarse bigote