Personas esclavizadas se unieron para resistir el dominio colonial

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Originalmente publicado en Global Voices en Español

Participants in the Boys Caïman assembly. Photo courtesy Kenbe Kapow, used with permission.

Participantes de la conmemoración de Bois Caïman en el Hotel Roi Christophe, Puerto Príncipe. Foto cortesía de Kenbe Kapow, usada con autorización.

Este artículo es parte de la serie Spotlight de Global Voices de septiembre 2026, «Protesta en democracia«. Esta serie busca explorar las distintas formas de protestas, las tácticas que usan los Estados para deslegitimarlas y reprimirlas, y la compleja relación entre la protesta y la democracia. Puedes apoyar esta cobertura con una donación.

La noche del 14 de agosto de 1791 empezó una serie de acontecimientos que cambiaron el mundo. Un grupo grande de esclavos y líderes rebeldes se congregaron en Bwa Kayiman ((Bois Caïman o Bosque de Caimanes), lugar histórico ubicado en el Departamento Norte de Haití, en la ciudad de Plaine-du-Nord.

Al mando del houngan (sacerdote vudú) Dutty Boukman y la manbo (sacerdotisa) Cécile Fatiman, al lado de importantes líderes de la resistencia, se unieron personas esclavizadas de diferentes plantaciones para una ceremonia religiosa y política clandestina. Invocaron al loa y a fuerzas espirituales ancestrales para pedir su protección y fortaleza para la lucha que se les venía.

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Esto puso en marcha el primer movimiento contra la esclavitud en Santo Domingo (que luego sería Haití), cuando los esclavos lucharon por su libertad. En ese tiempo, la isla de La Española se dividió en dos colonias europeas: la parte occidental fue la colonia francesa de Santo Domingo, y la parte oriental fue la colonia española de Santo Domingo. Las repúblicas modernas todavía no existían.

En ese tiempo, el Santo Domingo francés era la colonia de azúcar y café más rica del mundo, en una economía que dependía totalmente del comercio de esclavos. Para parar este terrible sufrimiento humano, los esclavos se unieron para resistir a uno de los imperios coloniales más poderosos del siglo XVIII.

Unirse para resistir

El levantamiento resultante reunió a diferentes grupos de esclavos. La población incluía a esclavos criollos que habían nacido en la isla, hablaban criollo haitiano, entendían francés y trabajaban como  oficios calificados (carpinteros, herreros, albañiles, zapateros o empleados domésticos). Los bossales, esclavos traídos directamente de África en un négrier (barco de esclavos) soportaban las condiciones laborales más duras y sufrían castigos físicos brutales, pero mantenían sus raíces, cantos africanas, y tradiciones vudú, y esclavos domésticos o de élite que trabajaban en las casas de sus amos como criados, cocineros, guardaespaldas, peluqueros, madres de leche, cocheros (conductores de carrozas a caballo), o capataces (líderes de plantaciones de esclavos).

En este duro entorno, las mujeres esclavizadas sufrían con frecuencia abuso sexual de colonizadores, que llevó a una población mestiza, mientras los líderes de las plantaciones muchas veces se veían obligados s aplicar reglas con gran severidad. Mientras los dueños de plantaciones trataban de enfrentar a estos grupos, el movimiento encontró un fuerte apoyo en los cimarrones, que se escaparon de plantaciones y minas, y huyeron a las montañas para combatir.

Trato deshumanizante

En este período, los esclavos de plantaciones eran una abrumadora mayoría del Santo Domingo, hacían las tareas más rigurosas y trabajaban en horarios implacables desde el amanecer hasta bien entrada la noche. Cuando llegaban a puertos coloniales después de semanas en las bodegas de barcos de esclavos que viajaban de África a las Américas, los marcaban con hierro candente como identificación y propiedad. También se marcaba la información médica o intentos de fuga anteriores.

A los esclavos se les golpeaba rutinariamente con látigos y correas hechas con látigos secos, que abrían la piel y dejaban grandes heridas sangrientas. Otros castigos incluían encadenarlos a oscuros sótanos, muchas veces sin comida. Si alguien se rebelaba, un capataz podía obligar a otro esclavo a cortar una oreja, un brazo, una pierna como brutal acción disuasoria para otros en la plantación.

Image of Toussaint Louverture against the backdrop of the Haitian flag, created using Canva Pro elements.

Imagen de Toussaint Louverture con la bandera de Haití de fondo, creada con elmentos de Canva Pro.

Los castigos más crueles incluían ahorcamiento públicos, decapitación o torturas. Los fugitivos recapturados enfrentaban esas brutales penas, y la mortalidad en las plantaciones era alta. Cuando los esclavos envejecían o se enfermaban y no podían hacer trabajo duro, a menudo se les abandonaba o se les dejaba morir, o los propietarios de las plantaciones los ejecutaban porque los veían como cargas.

En duro contraste con los esclavos domésticos y capataces que tenían acceso a mejor comida, los esclavos agrícolas y mineros sobrevivían sobre todo con agua y yuca. Junto con las terribles condiciones de trabajo y la difundida deshumanización, avivaron la resistencia colectiva masiva que llevó al levantamiento de Bois Caïman.

De la lucha a la libertad

Desde las montañas, esos combatientes rebeldes empleaban tácticas de guerrilla. Con arnas como resorteras, cuchillos, machetes y flechas emboscaban y atacaban a soldados coloniales, tomaban sus armas, envenenaban las fuentes de agua y animales, y quemaban plantaciones y casas. La mayor parte del tiempo, estos ataques ocurrían de noche, mientras los colonialistas dormían.

También construyeron una sólida red de inteligencia. Desde sirvientes de casas a conductores, los esclavos trabajaban como espías para enviar información sobre armas ocultas a los comandantes rebeles, con kònn lanbi (conchas de abanico) y tambores para enviar señales a través de las montañas. Las ceremonias vudú ayudaban a preparar a los combatientes, que se bañaban con mezclas naturales de plantas y usaban polvos especiales para protegerse.

Después de la ceremonia de Bois Caïman, la lucha contra la esclavitud continuó más de 12 años bajo el liderazgo de destacadas figuras como Toussaint Louverture, Jean-Jacques Dessalines, Henri Christophe, Alexandre Pétion, François Capois y Jean-Pierre Boyer. Las mujeres también tuvieron un rol destacado en sostener esta revolución, como Marie-Jeanne Lamartinière, Sanité Bélair, Catherine Flon y Claire Heureuse.

A la larga, este movimiento llevó a la batalla de Vertières el 18 de noviembre de 1803, cuando el ejército insurgente derrotó a las fuerzas coloniales francesas en el oeste del Santo Domingo francés. Esta victoria supuso el fin de la esclavitud en la excolonia y tuvo como resultado la declaración de la primera república negra del mundo, la independencia de Haití se dio el 1 de enero de 1804. Después. durante la unificación de la isla con el presidente Jean Pierre Boyer en 1822, la esclavitud también quedó formalmente abolida en el lado occidental, que era hispanohablante (con el presidente Boyer, el Gobierno de Haití ocupó el sector oriental de la isla, antes Santo Domingo. Esta ocupación empezó el 9 de febrero de 1822, y terminó 22 años después el 27 de febrero de 1844, cuando el lado oriental declaró su independencia de Haití).

Perspectivas modernas

Para conmemorar los 235 años de este significativo acontecimiento histórico en Bois Caïman, el 14 de agosto de 2026, en todo el país se organizaron diversos debates y conferencias socioculturales, incluida una actividad en Cap-Haïtien organizada por Kenbe Kapow, colectivo fundado en 2025 por un grupo de jóvenes. Según Peterson Jules,  secretario general de Kenbe Kapow que conversó con Global Voices por una llamada de WhatsApp, actúa como grupo de defensoría para exigir que asumieran responsabilidades a las autoridades locales, generar conciencia cívica entre los ciudadanos y alentar la participación política.

Además de los líderes políticos, el momento reunió a figuras públicas en los sectores académico, literario y cultural, e incluyó canciones patrióticas, danzas y debates en torno al rol de Bois Caïman en hacer de Haití la primera república negra del mundo. Los panelistas también enfatizaron la necesidad de tener unidad nacional para abordar los problemas multidimensionales de Haití, sobre todo la actual crisis política, violencia de pandillas y amplia desesperanza pública.

Kenbe Kapow’s Communications Officer Karlin Georges Le Pont

Georges Le Pont, gerente de Comunicaciones de Kenbe Kapow, en discurso a la audiencia. Foto cortesía de Kenbe Kapow, usada con autorización.

Al comparar a los históricos cimarrones a las dificultades actuales del país, Georges Le Pont, funcionario de Comunicaciones de Kenbe Kapow, destacó la importancia de la responsabilidad individual y colectiva:

Nou te genyen yon etap mawon, mawonaj kote esklav yo pou te ka soti sou difikilte dominasyon nan chan yo te pran chimen mòn, men yo pa t pran l pou yo te kapab deresponsabilize yo. Se te yon fòm rezistans ke moman an te mande, e pandan yo te nan mawon yo te reflechi sou kouman yo kapab pran libète yo. Si n ap eseye fè yon paralèl ak epòk sa yo, jodi a n ap viv nan yon epòk mawonaj kote ayisyen an mawon tèt li, ayisyen an mawon peyi l, ayisyen an mawon moun li ye a. Kontrèman ak ansyen mawon yo ki te mawon pou te kapab cherche libète, nou menm nou mawon paske nou di nou fatige, nou pap batay ankò. An nou soti nan etap mawonaj la pou nou vin nan etap kongrè a, etap ransebleman an ak tout fòs viv patriyòt nasyon an pou nou chita pou yon Ayiti miyò pou tout moun.

Tuvimos una época de cimarrones, cuando los esclavos, para escapar de la dura dominación en los campos, se refugiaron en las montañas. Pero no fue para eludir sus responsabilidades; fue una forma de resistencia que exigía la época. Mientras vivían como cimarrones, reflexionaban sobre cómo alcanzar su libertad. Si trazamos un paralelo con la actualidad, estamos viviendo una época de «cimarrones» moderna en la que los haitianos se esconden de ellos, de su país y de su identidad. A diferencia de los antiguos cimarrones que huían en busca de libertad, nosotros huimos porque decimos que estamos cansados y que ya no lucharemos más. Superemos esta etapa de «cimarrones» y entremos en la etapa del Congreso: una etapa en la que se reúnan todas las fuerzas patrióticas vivas de la nación para que juntas construyan un Haití mejor para todos.

Sterline Civil speaking about the need for civic duty and action. Photo courtesy Kenbe Kapow, used with permission.

Sterline Civil habla sobre la necesidad del deber y la acción cívica. Foto cortesía de Kenbe Kapow, usada con autorización.

Política y exdestacada funcionaria official Sterline Civil destacó la necesidad de deber acción y deber cívicos sobre la retorica, y señaló que los haitianos “deben trabajar para mostrar que son dignos” del legado de Bois Caïman. “De otro modo», dijo, “nunca triunfaremos y solo seguiremos haciendo grandes discursos”.

Em una nota similar, el arquitecto y líder local Wideline Pierre enfatizó la necesidad de unidad y propósito compartido, lo que sugiere que los haitianos quieren surgir de la actual situación social, política y económica, «deben darse cuenta de que esa unidad, konbit (trabajo colectivo), y la solidaridad son lo que nos definen como pueblo”.

A new Bois Caïman?

Dominique Dupuy, exministra y embajadora haitiana ante la UNESCO, sugirió:

Se yon dezyèm Bwa Kayiman nou bezwen, se yon dezyèm chita nou bezwen, yon dezyèm gran ransebleman, yon dezyèm gwo konba nou bezwen. Se tout ayisyen nan tout orizon, patisipan yo, sa ki deyò yo, ak vwazinaj nou, zanmi nou, ak kominite nou ki ka leve jou an kò pou Ayiti, pou Ayiti zansèt yo te imajine a, pou Ayiti pitit nou yo merite a, pou yon Ayiti kote nou pap sèlman sibi jou après jou nan chèche lavi, men nan chèche lavi nou jwenn li pandan nou vivan.

Necesitamos un segundo Bois Caïman, una segunda congregación, un segundo gran encuentro y una segunda gran batalla. Son todos los haitianos de todos los orígenes, los que están aquí y los que están en el extranjero, junto con nuestros vecinos, amigos y comunidad, quienes pueden hacer que el sol vuelva a salir para Haití, para el Haití que imaginaron nuestros antepasados, para el Haití que se merecen nuestros hijos y para un Haití donde no solo sobrevivamos día tras día para buscarnos la vida, sino donde encontremos la vida mientras estamos vivos.

Reavivar la protesta

El el actual lugar histórico, la conmemoración por los 235 años incluyó a houngans, manbos y otros del departamento de Artibonite,   región severamente impactada por la violencia de pandillas, que se unieron para honrar a sus ancestros. Los participantes estaban vestidos con vibrantes atuendos afrocaribeños adornados con símbolos vèvè y retratos de lwas.

La atmósfera vibraba con los sonidos de instrumentos tradicionales, que incluyen tanbou (tambores), klòch (campanas) y chachà (sonajeros). Los espectadores llegaron por montones a Bois Caïman, donde un escenario y altavoces marcaron la pauta con música tradicional rasin y de protesta.

Se respiraba un espíritu de comunión a través de canto, baile y protesta. Mientras marchaban por el lugar, los participantes portaban carteles con mensajes directos y demandas: «Ayiti pou vodou, vodou pou ayiti» (Haití para el vudú, el vudú para Haití); «Aba Jezi kolon» (Abajo el Jesús colonial); «Nou mande leta bay peyi a sekirite» (Exigimos que el Gobierno garantice la seguridad del país). Exigimos que el Estado elimine el 52% asignado a las iglesias del presupuesto nacional; Jesús nos hizo esclavos, Dessalines nos liberó; y ¡vivan los héroes!

A pesar de la hazaña histórica lograda por los fundadores de Haití, quienes sobrevivieron a la trata transatlántica de esclavos, derrotaron al ejército de Napoleón Bonaparte y cambiaron el curso de la historia, la lucha por la verdadera libertad está lejos de haber terminado.

Doscientos veintidós años después de alcanzar la independencia, Haití sigue siendo un símbolo único de la libertad humana. Sin embargo, la nación aún sufre de pobreza, inestabilidad política crónica, corrupción sistémica, violencia de pandillas e injerencia extranjera.

A pesar de todo, Haití tiene los recursos necesarios para que su pueblo viva con dignidad, como lo pretendían los antepasados, y la lucha por la soberanía plena, la libertad económica y la justicia social sigue sin concluir.

El mayor obstáculo para que el pueblo haitiano salga de esta crisis endémica es la necesidad de una nueva clase política y económica, junto con un nuevo modelo de sociedad civil. Esta nueva generación de líderes debe tener un compromiso genuino con Haití, una visión clara y la disposición de dejar de lado intereses personales para dar prioridad al bienestar de la nación.