«No puede haber desarrollo legítimo cuando realizarlo depende de destruir lo que sustenta la existencia de un pueblo».
Originalmente publicado en Global Voices en Español

«Dejen que los a’uwẽ-xavante sigan soñando». Indígena porta una bandera para la campaña frente a la sede de Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. Foto de Cultural Survival, usada con autorización.
Este artículo de Djalma Ramalho (Aranã Caboclo) se publicó originalmente en el sitio web de Cultural Survival el 17 de agosto de 2026. Global Voices lo reproduce editado con autorización. Lee más sobre la campaña.
Este artículo es parte de la serie «Spotlight» de Global Voices de agosto de 2026, «Derechos indígenas«. Esta serie ofrece una visión de las vidas y experiencias de los pueblos indígenas con el fin de establecer vínculos entre regiones, destacar las experiencias indígenas y contar historias de líderes, activistas, miembros de la comunidad y otras personas. Puedes apoyar esta cobertura con una donación.
Bajo un cielo muy cargado, en la costas del lago Léman en Ginebra, palabras rojas cortan el paisaje. Delante de la jet d’Eau of Bains des Pâquis, la emblemática fuente de Ginebra, aparecieron dos mensajes: “Dejen que los a’uwẽ-xavante sigan soñando” y “Alto a los megaproyectos que fragmentan Ró, el territorio a’uwẽ-xavante”.
La intervención se dio en la inauguración internacional de una campaña encabezada por líderes, comunidades y organizaciones a’uwẽ-xavante durante el Mecanismo de Expertos sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas en julio de 2026. Son un grupo indígena de la región centro oeste de Brasil, con una población de cerca de 25,300 personas. Según el censo de 2022, Brasil tiene 1.69 millones de personas que se identifican como indígenas de 391 etnias.
Mientras los representantes gubernamentales debatían políticas y normas internacionales en Naciones Unidas, la delegación indígena ocupó espacios públicos para transmitir un mensaje: no puede haber desarrollo legítimo cuando realizarlo depende de destruir las condiciones materiales, espirituales y políticas que sostienen la existencia de un pueblo.
Soñar no es una metáfora
Para el pueblo a’uwẽ-xavante, soñar es una dimensión concreta de la vida social, espiritual y política. En su investigación sobre el desempeño de los sueños entre los a’uwẽ-xavante, la antropóloga Laura Graham demuestra que los sueños establecen relaciones entre vivos, ancestros e inmortales. Las canciones que se reciben durante al sueño se difunden con la comunidad y pueden convertirse en actuaciones colectivas que reúnen narrativa, música, danza, memoria y continuidad cultural.
En un episodio documentado por Graham, un anciano cuenta que recibe canciones de creadores ancestrales dirigidas a los vivos, así que al cantarlas colectivamente, los a’uwẽ seguirán existiendo como a’uwẽ. Por lo tanto, el soñador no aparece como el dueño individual de una creación, sino como un mediador de conocimiento que pertenece y circula entre el pueblo como un todo, y se vuelve parte del legado vivo de la comunidad.
En años recientes, según los líderes que han gestionado la campaña, los sueños también empezaron a transmitir advertencias relacionadas con crecientes presiones en sus territorios. Por tanto, la expansión de ferrocarriles, carreteras, proyectos hidroeléctricos, monocultivos y otros proyectos a gran escala no se entiende meramente como una transformación física del entorno, sino como una amenaza a las relaciones que hacen posible recibir, transmitir y aplicar este conocimiento.
Entonces, defender el derecho a soñar es defender las condiciones territoriales que hacen que soñar sea posible.
Ró: Cerrado, mundo, territorio y vida
La palabra «ró» no tiene un equivalente completo en la traducción convencional de “territorio”. La geógrafa Maria Lucia Cereda Gomide explica que ró puede significar simultáneamente “cerrado, mundo, nuestra tierra, todo”. Se refiere a una complejo territorial y cosmológico que se extiende desde el espacio de la aldea al cerrado [bioma en el centro de Brasil], y comprende sus aguas, animales, plantas y los espíritus que viven en este mundo. Ró es una red viviente de relaciones. Abarca cazar, recolectar y pescar; aldeas antiguas, tierras de sepultura, ríos y caminos, plantas medicinales; lugares ceremoniales y presencias ancestrales que sostienen la vida colectiva.
Una nota técnica de la Asociación Antropológica brasileña, publicada en 2025, enfatiza que la territorialidad a’uwẽ-xavante depende de prácticas como recorrer el cerrado, recolectar raíces, frutas y fibras, pescar, cazar y circuitos de reciprocidad que conecta familias, clanes, grupos etarios y diferentes tierras indígenas. Por tanto, la fragmentación territorial compromete el acceso a recursos naturales y la capacidad de realizar ceremonias, transmitir conocimiento y mantener las relaciones sociales y cosmológicas a través de las cuales los a’uwẽ se constituyen como pueblo. También va más allá de relaciones que no se pueden contener dentro de los límites administrativos trazados por el Estado.
Entonces, el mensaje proyectado en Ginebra –“Dejen que los a’uwẽ-xavante sigan soñando”– es un pedido para proteger la integridad de ró y por la continuidad de su propia existencia. Hiparidi Top’tiro, líder a’uwẽ-xavante, dice en el documento de la campaña: “Cualquier proyecto que afecta a uno de nuestros territorios es un problema para todo el pueblo a’uwẽ-xavante”.
Territorios, vidas y sueños cortados por pistas
El pedido central de la campaña es proteger los derechos del pueblo a’uwẽ-xavante ante la construcción del Ferrocarril de Integración Centro Oeste (FICO), también conocido como EF-354. El Gobierno brasileño lo ha presentado como un proyecto estratégico para reducir costos logísticos y expandir el transporte ferroviario de carga, y es parte de un corredor más amplio diseñado principalmente para trasladar soya, maíz y otros productos de la región. Al avanzar el proyecto sin garantizar una consulta adecuada, libre, previa e informada, el Estado brasileño no ha logrado proteger los derechos de los pueblos indígenas.
La vía de FICO es un proyecto federal de aproximadamente 1641 kilómetros (1020 millas) bajo la responsabilidad de Infra S.A. La empresa minera Vale está construyendo la primera sección, que recorre 363 kilómetros (226 millas), entre Mara Rosa, en el estado de Goiás, y Água Boa, en el estado de Mato Grosso, como compensación por la renovación prematura de otra concesión. Estudios y procesos administrativos relacionados con la ruta han identificado los territorios xavante dentro de su zona de influencia, lo que plantea serias preocupaciones sobre el impacto territorial, ambiental, social y cultural.
En mayo de 2026, la propia Infra S.A. informó que aproximadamente 80 kilómetros (50 millas) de la parte final de la porción de la sección que actualmente está en construcción dependía de que se completara el Plan Ambiental Básico – Componente Indígena (PBA-CI) y de negociaciones con las comunidades xavante. Esto deja en claro que la relación entre el ferrocarril y los territorios indígenas no es meramente indirecta, sino un asunto central que afecta la implementación del proyecto.
La nota técnica emitida por la Asociación Antropológica brasileña establece que el ferrocarril afecta zonas de ocupación tradicional, tierras reclamadas que aún no se han demarcado, ha juntado zonas, aldeas antiguas, tierras de sepulturas, ríos navegables y sitios sagrados. El documento recomienda suspender la construcción y la licencia de instalación hasta que se haya hecho una consulta adecuada, y alterar la ruta para que el ferrocarril no cruce territorio a’uwẽ-xavante.
El informe de defensa de la campaña Dejen que los a’uwẽ-xavante sigan soñando, iniciada en Ginebra, sostiene que FICO no puede evaluarse meramente como una línea ferroviaria aislada. Es parte de una arquitectura más amplia de carreteras, ferrocarriles, cursos de agua, y exporta corredores que probablemente intensifique los flujos de mercadería, ocupación no indígena y presión económica en territorios ya fragmentados.
Consulta en disputa
En febrero de 2026, la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (COIAB) denunció irregularidades en el proceso de consulta relacionado con FICO. Según la organización, las reuniones programadas para algunas tierras indígenas se hicieron a intervalos muy cortos, lo que dejó a las comunidades con poco tiempo para tener debates internos de acuerdo con sus propios procesos de toma de decisiones. También hay documentadas denuncias de presiones a líderes indígenas, falta de asistencia técnica independiente y dificultades de comunicación entre comunidades distribuidas entre territorios que históricamente han estado fragmentados. El Ministerio Público Federal inició un procedimiento administrativo para dar seguimiento al proceso de consulta.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas establece que los Estados deben consultar y cooperar de buena fe con los pueblos indígenas después de aprobar proyectos que afectan a sus tierras, territorios o recursos, para obtener su consentimiento libre, previo e informado.
La consulta no solo significa informar a una comunidad que un proyecto procederá, sino también respetará sus cronogramas de toma de decisiones, sin coerción y su capacidad de retener el consentimiento de medidas que pudieran comprometer su futuro.
A Europa: el colonialismo solo viaja por tren y autos eléctricos
La intervención en Ginebra tiene un peso simbólico particular. La ciudad es sede de la Oficina de Naciones Unidas y de numerosas instituciones relacionadas con el sistema internacional de derechos humanos. A los representantes indígenas se les da poco minutos para presentar conflictos territoriales delineados por décadas de violaciones.
La campaña también desafía las contradicciones de la llamada transición ecológica. Ferrocarriles, corredores logísticos, operaciones mineras y proyectos de infraestructura a gran escala se presentan frecuentemente como instrumentos necesarios para construir una economía con bajo carbono. Pero cuando avanzan sin la participación efectiva de los pueblos afectados, pueden reproducir mecanismos coloniales que perduran: apropiación territorial, concentración de beneficios económicos y transferencia de costos ambientales y sociales a pueblos indígenas y comunidades tradicionales.
La proyección delante de Jet d’Eau confronta esta paradoja. Europa, históricamente implicada en la colonización de territorios indígenas, sigue conectadas con estas regiones por medio de redes de finanzas, consumo, minería, agroindustria e infraestructura de exportaciones. Cambiar la fuente de energía sin transformar estas relaciones no es suficiente. Una transición que sigue amenazando territorios indígenas como zonas de sacrificio puede ser tecnológicamente nuevo, pero sigue siendo políticamente colonial.
Para los a’uwẽ-xavante, un territorio fragmentado no significa simplemente reducir el espacio físico. Significa interrumpir caminos, canciones, ceremonias y recuerdos, y relaciones ancestrales. Ningún megaproyecto puede decir que representa el futuro si su existencia depende de destruir los sueños de quienes siempre han cuidado la tierra.






