A solo media hora de la capital de Portugal, en la otra orilla del mar de la Paja, se descubre un paisaje inaudito de arrozales, salinas y marismas rebosantes de aves donde navegan centenarios barcos de madera pintados de alegres colores
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A solo media hora de la capital de Portugal, en la otra orilla del mar de la Paja, se descubre un paisaje inaudito de arrozales, salinas y marismas rebosantes de aves donde navegan centenarios barcos de madera pintados de alegres colores

A solo media hora de la capital de Portugal, en la otra orilla del mar de la Paja, se descubre un paisaje inaudito de arrozales, salinas y marismas rebosantes de aves donde navegan centenarios barcos de madera pintados de alegres colores