Un auge cultural que se basa en el trabajo precario y no documentado
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Banda toca en vivo en Le Backstage. Foto de Le Backstage, usada con autorización.
Son las 19:00 horas de un martes. El ruido de los vasos de cerveza y de las conversaciones llenan el deteriorado salón de un antiguo bar y restaurante en el centro de Casablanca, Marruecos. El músico Walid Rakik, de 28 años, está sentado en el fondo del salón, hablando con el pianista del local. Rakik es el número principal de la noche, acompañado por un joven intérprete de darbouka. Para Rakik, eso significa repartir entre tres las propinas de la noche, que será el único pago que recibirá.
A las 23:00 horas, Rakik termina su primera actuación y rápidamente se dirige a donde dará su segundo show, un local de ambiente español.
La realidad cotidiana de Rakik, como la de muchos músicos de Casablanca, apenas es visible más allá de las fachadas iluminadas de los locales nocturnos. Es una fuerza laboral, parte artesano y parte trabajadora temporal, que opera en la periferia del ambiente cultural de la ciudad.
Sin embargo, tocar música en vivo no la única ocupación de Rakik. Como muchos músicos de Casablanca, acomoda sus actuaciones alrededor de otros trabajos y maneja su actividad nocturna como una segunda fuente de ingresos y una forma de mantenerse activo en lo profesional.
Mientras la música en vivo se integra cada vez más al atractivo cultural de Casablanca, los músicos permanecen en una zona gris, atrapados entre la fascinación del escenario y las condiciones de un sector con mucha fuerza, pero que apenas evoluciona.

Música Gnawa en vivo en Le Backstage. Foto de Le Backstage, utilizada con autorización.
Reseña histórica
La vida nocturna de Casablanca tiene sus raíces a inicios del siglo XX, cuando la planificación urbana colonial transformó la franja costera de la ciudad en la mítica La Corniche, el centro de ocio de de la urbe. Para la décadas de 1960 y 1970 varios clubes nocturnos comenzaron a surgir alrededor de Ain Diab y del centro de la ciudad. Club 84, Balcon 33 y La Notte fueron los primeros en acoger talentos y en convocar a músicos relacionados con el jazz, el blues y el rock.
A medida que aparecieron más escenarios, se formaron segmentos distintivos: los bares de los hoteles se inclinaron hacia el jazz, el blues o el soul; los clubes más sofisticados hacia el tarab o la música magrebí, mientras que los restaurantes y pubs reunieron a espectadores más informales.
La liberación económica marroquí de principios del siglo XXI coincidió con el crecimiento de la clase media y el nacimiento de una cultura del consumo que impulsó un nuevo concepto de vida nocturna. Incluso los escenarios más icónicos tuvieron que innovar para seguir siendo competitivos.
Por esa misma época, el incipiente movimiento musical inspiró a una generación de jóvenes músicos y estableció algunas de las nuevas normas profesionales para la actividad artística y las actuaciones en Marruecos. La música en vivo se convirtió, discretamente, en un elemento clave del prestigio cultural de Casablanca
Un repertorio con cientos de piezas
El crecimiento del circuito se basa en músicos que expanden sus repertorios y tienen la suficiente versatilidad como para moverse entre las escalas, los registros y los géneros de moda. Un artista debe poder ejecutar de tres a cinco espectáculos, que puedan incluir desde tarab oriental y chaabi marroquí hasta música occidental, por lo que su repertorio crece hasta contener cientos de piezas.

Actuación de Aymane Fattal. Foto cortesía de Aymane Fattal.
Aymane Fattal, tecladista de sintetizadores, está acostumbrado a las exigencias de su banda. «El trabajo en sí mismo es bastante exhaustivo y desafiante. Debes conocer diferentes tonos y escalas, y poder seguir tocando incluso si no conoces una pieza en particular. Si a un cantante le piden una canción específica, debe cantarla».
En los clubes más exclusivos la habilidad técnica es solo una parte de lo que se busca. Hani Hilali, guitarrista que saltó a la fama con la banda reggae Ganga Vibes antes de dedicarse a la dirección artística de música en vivo luego de casi 20 años de experiencia, considera que la tarea fundamental consiste en «crear ósmosis entre los músicos».
Hilali explica: «Los músicos ensayan y actúan juntos casi todos los días, y eso lleva a desavenencias. Lo importante es el vínculo genuino. La técnica y los matices pueden mejorar, pero la personalidad, no». Esto depende de la habilidad de la banda para sostener diversos registros y actuaciones noche tras noche.
Una ciudad de aficionados
Casablanca aporta su importancia cultural a un público mayoritariamente local. En contraste con Marrakesh o Agadir, que en gran mayoría depende de los turistas, el circuito de Casablanca basa su atractivo en atraer a los aficionados locales. El chaabi y otros géneros populares tienen la mayor demanda, seguidos del tarab y de estilos occidentales que atraen a diferentes audiencias.
Hilali observa: «El público de Casablanca suele ser entendido, más abierto y exigente en el plano musical. Nuestros clientes acuden específicamente por la música». Mehdi Harit, músico, fundador y director artístico del restaurante y club L’Octave, concuerda: «Sin duda, el público de Casablanca es más sensible a la música. Los clientes preguntan específicamente por la banda en vivo al hacer una reserva».
Durante décadas, este circuito cerrado se mantenía por la información boca a boca y por los artistas conocidos, cuyo trabajo se organizaba a través de tarifas fijas o contratos. Pero durante la última década se ha transformado en una salida importante, más allá de los estudios de grabación y de los circuitos de giras, para la creciente cantidad de músicos.
Yassir Bezzi, músico radicado en Casablanca, describe el cambio: «En la actualidad las cosas son muy diferentes. Hay más oportunidades, y aunque es tendencia es que el prestigio ha disminuido, se han incorporados nuevos escenarios para la música en vivo debido al incremento del público».

Yassir Bezzi, Atlantic Beach Chez Serge 2022. Foto cortesía de Yassir Bezzi.
Para Rakik, que trabaja en diferentes clases de locales, las condiciones varían bruscamente: «Un club nocturno conocido paga bien y de manera consistente, pero a la vez demanda mucha experiencia. Un restaurante paga más por un concierto breve. Un club menos conocido, o un bar, paga de forma menos predecible, y algunos, en verdad, pagan bastante bien. Allí es donde se comienza a construir la experiencia».
Zona precaria
El atractivo de la música en vivo en una salida nocturna normal está más arraigado que antes. El número creciente de locales genera más oportunidades para los músicos, pero este impulso también deja al descubierto las carencias de un modelo precario, a medida que se expande la oferta.
Hilali ve que el crecimiento de la demanda erosiona el formato. El repertorio repetitivo y los espectáculos predecibles son riesgos que atraviesan a la experiencia en vivo. «Encuentro que los artistas están menos comprometidos que antes. Ahora hay más locales, pero pocos intentan innovar. Es más fácil llegar al mínimo indispensable y adaptarse a las tendencias».
Harit ve una tensión paralela: «Para algunos locales, el modelo de negocio puede no alinearse naturalmente con una dirección artística selectiva y culturalmente significativa. Los espacios deben ser sustentables en lo económico, pero eso solo importa si se preserva la visión cultural».
Propinas, contratos y zonas grises
Las condiciones de trabajo de los músicos que animan la vida nocturna de Casablanca todavía limita con lo precario. Mientras locales como Le Backstage y L'Octave ofrecen contractos estructurados y tarifas fijas, esos lugares permanecen competitivos y fuera del alcance de muchos. En otros lados, las compensaciones siguen reglas más informales: por ejemplo, algunos clubes nocturnos se basan en el poco transparente sistema de propinas.

Banda en vivo en L'Octave. Foto de'Octave, utilizada con autorización.
«El sistema basado en propinas es más común en los niveles medios y se ha vuelto más popular recientemente. Allí los contratos son poco frecuentes. Los arreglos son verbales y los pagos, en efectivo» explica Fattal. «Pero las condiciones varían, para mejor o para peor; en definitiva depende del administrador y de cómo negocias con él».
Yassine Filaili, cantante y músico con más de 20 años de carrera, fundó la Asociación Juvenil para la Cultura, el Arte y y la Educación para ayudar a los músicos principiantes a encontrar oportunidades y a tener una tarjeta de artista.
La Tarjeta de Artista del Ministerio ofrece facilidades en los procedimientos administrativos y reducción de gastos de viajes. La condición de autoemprendedor permite a los músicos pagar impuestos, acceder a seguros de salud y contribuir en un fondo de retiro. Pero requiere transparencia en las facturaciones, lo que es complicado cuando el pago es por propinas e ingresos indeterminados.
«Los músicos se han vuelto relativamente fáciles de reemplazar. La oferta crece, pero la demanda no está la misma altura» dice Filali. «Algunos locales ofrecen contratos formales, pero en muchos la compensación todavía se basa en las propinas y es menos transparente. Muchos artistas viven casi exclusivamente de propinas, con poca estabilidad o protección».
Perspectivas a futuro
Mientras el número de locales y de artistas crece, el sector necesita cambios en su administración y en las prácticas de programación.

Banda en vivo en Le Backstage, utilizada con autoriación de Le Backstage
Aunque las dificultades estructurales persisten, la escena se mantiene activa. Para Hilali depende, en gran parte, del renovado compromiso de las partes comprometidas: «La programación cultural es, en general, la primera en sufrir cuando hay recortes de presupuesto, pero creo que debe ser el principal atractivo. En cualquier lado puedes encontrar el mejor filete de salmón, pero la programación cultural es diferente. Quiero ver más directores artísticos que comprendan que, en un establecimiento, la experiencia cultural es tan importante como el resto de su oferta».
La música en vivo en los circuitos de Casablanca ha sostenido su viabilidad económica a través de un atractivo que tiene sus raíces principalmente en la audiencia local. Mientras crece, la grieta entre esa base y cómo los sectores operan se hace difícil de ignorar. Marcos más consistentes, en especial sobre la estandarización, puede darle la estabilidad que ahora no tiene.






