Entre junio de 2023 y julio de 2026, 17,031 migrantes bangladesíes viajaron a Camboya para buscar trabajo.
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Calles de Phnom Penh. Imagen en Flickr de ND Strupler (CC BY-2.0).
Este reportaje incluye entrevistas e infografías de Abdur Rahaman, Atkia Fariha, A. K. M. Hasanat Alimoon, Lamesha Akter y Shanta Akter para el curso de periodismo de datos de la Universidad de Humanidades de Bangladesh.
En 2025, Sajjad Hossain de Comilla, al este de Bangladesh, tenía 23 años y acababa de graduarse cuando recibió un anuncio de empleo por un grupo de WhatsApp. Prometía un trabajo de ingreso de datos en Phnom Penh, Camboya, con un salario varias veces superior al que podía ganar en su país, y un intermediario que se encargaría de los trámites de la visa. En menos de un mes, había firmado los documentos, pagado aproximadamente 450,000 takas (3640 dólares) y abordado un vuelo a Camboya. A las 48 horas de aterrizar en Phnom Penh, su pasaporte había desaparecido en la caja fuerte de la empresa, al igual que el trabajo que le habían prometido.
La búsqueda de fortuna de Hoassain en Camboya es un ejemplo clásico de tráfico de personas con ayuda de la tecnología, delito que Naciones Unidas y Amnistía Internacional han dado en llamar «ciberesclavitud». Es un tipo de estafa de reclutamiento digital. La estafa es bastante sencilla: un anuncio de empleo en redes sociales atrae al afectado, un vuelo lo lleva a Camboya, le confiscan el pasaporte y lo venden a un complejo, donde lo obligan a llevar a cabo estafas digitales contra desconocidos a miles de kilómetros de distancia.
La experiencia de Hossain refleja la realidad que viven muchas otras víctimas en los complejos de estafas de Camboya.
Estafas de reclutamiento con ayuda de la tecnología
Hay investigaciones recientes que revelan que esta red de tres niveles ha logrado digitalizar el proceso de trata de personas que se esconde detrás de estas estafas de reclutamiento. Una red de agencias de reclutamiento ilícitas, operadores de viajes cómplices e intermediarios (dalals) impulsan el proceso.
Los intermediarios se infiltran en las mismas redes sociales en las que los migrantes ya confían, grupos de Facebook, círculos de WhatsApp y la aplicación de mensajería instantánea imo, y publican anuncios que parecen ofertas de trabajo en el extranjero comunes y corrientes. Prometen empleos bien remunerados y «visas inmediatas». Incluso presumen de tener grupos de Telegram con «migrantes exitosos», que en realidad forman parte de la red coordinada de fraude.
«Desafortunadamente, muchos migrantes van a nuevos países y caen en la trampa de redes que operan en varios países sin verificar el funcionamiento de las agencias de reclutamiento, los contratos de trabajo, los datos de los reclutadores ni las condiciones económicas de esos destinos y países», explicó Riaz Ahmed, investigador académico y especialista en migración, en entrevista con GlobalVoices por WhatsApp en agosto. Continuó diciendo:
Reality changes when they step into those lands. Every single promise turns out to be a scam. They have fallen into the trap of global scam networks.
La realidad cambia cuando pisan esas tierras. Cada una de las promesas resulta ser una estafa. Han caído en la trampa de redes globales de estafadores.
«Camboya no es un destino realmente lucrativo para los trabajadores de Bangladesh. Se trata de una imagen fabricada por agencias de reclutamiento deshonestas que promocionan supuestos empleos bien remunerados en el sector de la tecnología de la información o la hotelería», dijo Syed Saiful Haque, presidente de la Fundación para el Desarrollo WARBE, organización comunitaria sin fines de lucro dirigida por migrantes. «Los explotadores intermediarios, e incluso algunas agencias de viajes, se aprovechan de esta desesperación, les dan alternativas baratas, rápidas y fáciles a destinos tradicionales».
Bangladesh tiene representación consular en Camboya, lo que significa que cada migrante que toma esta ruta lo hace sin una embajada a cual acudir si las cosas salen mal. Aun así, las cifras oficiales indican que el 80% de los repatriados viajó originalmente a través de canales legales de inmigración, y el 66% recurrió a intermediarios y no a agencias registradas.
De manera alarmante, la brecha entre lo que se supone que cuesta la migración y lo que realmente cuesta lo dice todo. Si bien la documentación oficial establece que los costos de la migración oscilan entre 654 y 1258 dólares, los costos reales se han disparado. Los aspirantes a migrantes pagaron a los intermediarios entre 2835 y 4450 dólares para asegurar sus vuelos. Se estima que el salario mensual promedio de un trabajador en Bangladesh rondará los 329 dólares en 2026.
Este costo inflado de la migración va a parar a una red de intermediarios, agencias de viajes y agencias de reclutamiento que luego atrapan a los migrantes con falsas promesas de tramitación rápida de visas y empleos lucrativos en Camboya.
Atrapados en línea, encerrados en el interior
El complejo es donde las promesas del anuncio se desmoronan por completo. A su llegada se les confiscan los pasaportes, y las víctimas describen que las tasan y negocian entre los operadores por sumas que van desde los 1500 hasta los 4000 dólares.
Una víctima, al describir su situación en Camboya, dijo que le había pedido a sus intermediarios que le extendieran su visa vencida y se lo habían negado, y agregó que ahora estaba esperando en «un edificio anónimo para ser vendido a otra empresa».
Otro describió cómo lo presionaron para que aceptara un trabajo fraudulento: «Propuse aceptar otro trabajo en lugar de trabajar en un centro de estafas, pero el intermediario se negó. Está obligando a mi familia a enviar más dinero».
Las familias informan que se les contacta directamente y se les exigen sumas de hasta 3000 dólares a cambio de liberar a un familiar, con la amenaza de una nueva reventa que se cierne sobre cualquier familia que no pueda pagar. Un migrante contó que el intermediario le quitó 3500 dólares y luego bloqueó todo contacto.
Los repatriados también denuncian episodios de violencia, maltrato y tortura dentro de los centros de detención.
Pramit Khandaker, portavoz de la Fundación Bangladesh Probashi Oikko, dirigida por voluntarios, destacó en una entrevista por WhatsApp la agonía de las familias cuyos hijos están atrapados en estas estafas. «Muchos ya han perdido todos los ahorros de su familia. No les queda nada para rescatar a sus hijos». Agregó que, si bien algunos quieren tomar medidas contra quienes los traficaron, rara vez cuentan con pruebas suficientes para presentar una denuncia:
Many come to us for legal support with a hope to complain against these middlemen and travel agencies who staged such traps. Unfortunately, most of them fail to provide the supporting documents, the payment histories, [or] transaction receipts to process or to file cases.
Muchos acuden a nosotros en busca de apoyo legal con la esperanza de presentar denuncias contra estos intermediarios y agencias de viajes que han tendido estas trampas. Desafortunadamente, la mayoría no puede dar documentos de respaldo, los historiales de pago [o] los recibos de las transacciones necesarios para tramitar o presentar denuncias.

Trata facilitada por la tecnología Cómo los migrantes de Bangladesh se convierten en víctimas de estafas de reclutamiento en Camboya.
Desde 2020, bangladesíes han viajado a Camboya a buscar mejores oportunidades económicas, a pesar de que en Bangladesh no hay representación consular en ese país. Diversas agencias de reclutamiento atraían a los aspirantes a migrantes a través de redes nacionales de intermediarios y anuncios en línea.
Explotación a través de la ciberdelincuencia forzada
A las víctimas de tráfico de personas suelen obligarlas a hacer trabajos relacionados con estafas en línea. Estas operaciones incluyen estafas románticas (también conocidas como «pig butchering«), inversiones falsas y fraudes con criptomonedas.
Este rubro de tráfico de personas es increíblemente grande. Dentro de los centros regionales de fraude, los recintos retienen a miles de trabajadores víctimas de la trata al mismo tiempo; un informe de Naciones Unidas de 2026 estima que actualmente hay al menos 300,000 personas atrapadas en «granjas de estafas» en todo el mundo. Desde adentro, estas operaciones parecen centros de llamadas bien organizados. En realidad, se administran con el estricto control de una prisión.
Un repatriado fue víctima de una estafa de “cebo y cambio”: solicitó un empleo en un casino, pero lo obligaron a atraer a otras personas en línea. Gastó 4047 dólares y ganó solo 972 dólares. Después, su familia tuvo que pagar otros 1214 dólares para asegurar su liberación y su regreso a casa.
Durante este tiempo, una redada a nivel nacional ha dado un golpe a 118 sitios en Camboya y ha detenido a aproximadamente 5000 personas en los primeros seis meses de 2026. En abril de 2026, Camboya aprobó su primera ley específica contra las estafas, que prevé penas de cadena perpetua para los infractores más graves. Sin embargo, aunque las autoridades camboyanas trabajan para acabar con las «granjas de estafas», también detienen y persiguen a los periodistas que informan al respecto.
Mientras tanto, los organizadores de las redes están encontrando nuevas formas de eludir a las autoridades. Los grandes complejos se dividen en celdas más pequeñas ocultas dentro de bloques de apartamentos comunes en los alrededores de Phnom Penh, lo que deja a muchos trabajadores víctimas de la trata abandonados a su suerte durante esta crisis.
La crisis detrás de las historias
Según datos de la Oficina de Mano de Obra, Empleo y Capacitación de Bangladesh (BMET), 17,031 migrantes bangladesíes viajaron a Camboya en busca de trabajo entre junio de 2023 y julio de 2026.
Lamentablemente, el 98% de quienes viajaron no obtuvieron el empleo prometido. En la práctica, esto describe que todo el corredor migratorio es fraudulento por naturaleza y no por excepción.
En este contexto, Bangladesh ha repatriado a 583 ciudadanos víctimas de tráfico de personas de Camboya desde junio de 2026, como parte de los aproximadamente 1800 que han regresado a casa en 2o26 tras ser víctimas de fraude cibernético.
En un caso, un repatriado tuvo que gastar 2266 dólares, incluidas multas por permanecer en el país sin visa más allá del plazo permitido, para poder regresar a casa.
Otro contó que reunió dinero de sus familiares en su país para sobrevivir nueve meses sin trabajar antes de rendirse por completo. «No hay oportunidades de trabajo», dijo al aterrizar. «Cualquiera que vaya a Camboya caerá en la trampa de las organizaciones criminales».
Se cierra el círculo
El reclutamiento ayudado por la tecnología y las estafas cibernéticas forzadas funcionan como un solo canal; lo que conecta el complejo de Hossain con el rescate que debe pagar una familia. Se trata de un mecanismo continuo, no de dos delitos distintos.
El hecho de que unos 17,031 bangladesíes hayan viajado a un país sin presencia consular en solo tres años revela un enorme vacío en el seguimiento de sus propios ciudadanos en el extranjero.
Hossain fue rescatado durante una redada en Camboya este año, después de pasar cuatro meses dentro del recinto. Regresó a casa sin ahorros y con una deuda considerable. Una deuda que su familia sigue pagando.
Cientos de personas más se creyeron el mismo anuncio y tomaron el mismo vuelo, solo para correr la misma suerte.






