Un año después de llegar al poder, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, afronta una de las principales pruebas de su mandato: conseguir que el crecimiento económico se traduzca en una mejora tangible para los hogares. Su apuesta por la inversión y el estímulo fiscal busca impulsar la actividad, pero la inflación y la depreciación del yen siguen presionando el coste de la vida. Al mismo tiempo, el aumento del gasto público y las rebajas fiscales plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de las cuentas del Estado. ¿Puede Takaichi reactivar la economía japonesa sin agravar los deseq

Publicidad