Un socio de Exile Hub cuenta sus experiencias personales y reflexiones
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Imagen de Exile Hub, usada con autorización.
Exile Hub es uno de los socios de Global Voices en el Sudeste Asiático, que surgió a raíz del golpe de Estado de 2021 en Myanmar se dedica a fortalecer a periodistas y defensores de derechos humanos. Este artículo de Justino se publicó en agosto de 2026. Global Voices reproduce una versión editada como parte de un contrato de asociación editorial.
Desde que tengo 10 años, aproximadamente —edad suficiente para comenzar a pensar en el mundo con seriedad—, admiré a los periodistas. Verlos trabajar en una profesión que parecía tan lejana a mi realidad me fascinaba. En aquel entonces, el periodismo era simplemente algo que admiraba desde lejos, pero había un sueño que permanecía conmigo:
«Algún día, quiero convertirme en un periodista que dé visibilidad a las voces de las personas».
Mantuve ese sueño por años.
Cuando las circunstancias cambiaron, a la larga terminé trabajando como periodista en el lugar de los hechos. Sin embargo, una vez que ingresé a la profesión, me di cuenta de que el periodismo era mucho más exigente de lo que había imaginado. Dar visibilidad a las voces de las personas traía sacrificios y desafíos enormes. Esto ha sido especialmente cierto en el actual período revolucionario. Trabajar en los medios locales e investigar sobre violaciones de los derechos humanos en el lugar de los hechos ha afectado continuamente mi salud mental pues me expone a intenso estrés y trauma psicológico. El esfuerzo por descubrir la verdad en interés del público también han supuesto a veces amenazas serias contra mi seguridad y mi bienestar.
Cuando el periodismo tiene un precio
Una experiencia que sigue grabada en lo profundo de mi memoria sucedió en octubre de 2025.
Investigaba un caso en la región de Magway que involucraba a un grupo de resistencia local que había acusado injustamente y detenido a un lugareño. A pesar de que mi intención era destapar la verdad, la investigación generó fuerte descontento al grupo involucrado.
Mi perfil de redes sociales quedó expuesto públicamente, y mi sala de redacción y yo comenzamos a recibir amenazas en línea. Al mismo tiempo, la exposición hizo que quedara bajo una mayor vigilancia de autoridades militares.
Por mi seguridad, tenía que desplazarme constantemente de un lugar a otro.
Durante ese periodo, varias preguntas me acompañaban todos los días:
¿Cuándo me arrestarán? ¿Quién podría venir por mí? ¿Dónde dormiré esta noche? ¿Qué sucederá después?
Con el tiempo, hasta el sonido cercano del crujido de hojas secas podía hacerme sentir inseguro y sobresaltarme.
Fue uno de los períodos más difíciles que había vivido desde que me hice periodista y uno de lo momentos en los que la presión psicológica se sintió con mayor intensidad.
Luego, en enero de 2026, hice un reportaje sobre las disputas que involucraban arrestos entre comunidades locales y grupos de resistencia en la región de Sagaing mientras documentaba las perspectivas y los deseos de los habitantes.
Informar críticamente sobre las acciones de las autoridades armadas en estas zonas puede sentirse como caminar descalzo sobre un suelo cubierto de espinas.
Desde 2024, también he estado investigando los intereses detrás de la actividad minera del oro y la intervención de las autoridades armadas. Ese trabajo aumentó aun más mis niveles de tensión.
Sin embargo, la experiencia que más daño psicológico me causó en mi vida ocurrió más recientemente.
Luego de informar acerca sobre tensiones entre autoridades locales y las comunidades, el resentimiento hacia mí se intensificó. A finales de abril de 2026, me enteré de que una persona vinculada al grupo en cuestión me estaba buscando activamente y, según se informó, ha dicho:
«Debe estar en algún lugar cerca de aquí. Encuéntrenlo. Si lo encuentran, mátenlo. Yo asumiré la responsabilidad»
Ya no podía quedarme donde estaba.
Al mismo tiempo, la exposición de mi información personal significó que las autoridades militares también me estaban vigilando. Estar en la era del reclutamiento militar creó otro riesgo más que incluía la posibilidad de ser arrestado.
Me vi enfrentando amenazas desde dos lados.
Con mi vida cada vez más en riesgo, no tenía otra opción que irme de inmediato sin nada más que la ropa que traía puesta y buscar resguardo en la frontera.
Sin embargo, hasta ahora no puedo decir con seguridad que estoy a salvo. El pensamiento permanece: ¿tendré que volver a enfrentarme a otra situación aterradora?
Cuando el trabajo se vuelve demasiado pesado
Hubo momentos en los que pensé: «Estoy exhausto. Nunca imaginé que sería se me escurriría la mente de esta manera. Ya no quiero seguir haciendo esto. ¿Sería mejor renunciar al trabajo que me encanta?
Mi bienestar mental llegó a un punto extremadamente bajo.
Tenía dificultad para dormir. Los ruidos fuertes me sobresaltaban. La ansiedad y la preocupación me seguían como una sombra.
Y aun así, por extraño que suene, cada vez que imaginaba que renunciaba al periodismo, cada vez que pensaba sobre no seguir dando visibilidad a las voces de las personas, sentía como si estuviera incumpliendo con mi deber.
Ese sentir seguía haciendo que regresara.
Por lo que incluso sabiendo que este trabajo y los lugares donde lo hacía podían exponerme a más peligro, seguía sintiendo que no podía marcharme.
Aprender sobre resiliencia y autocuidado
Estas experiencias también me han enseñado un valiosa lección. Por sobre todas la cosas, he llegado a entender la importancia de la resiliencia psicológica y el autocuidado.
Los periodistas como nosotros somos humanos hechos de carne y hueso. No somos máquinas.
He tenido que aprender a vivir con heridas psicológicas, y a atravesarlas, heridas creadas por lo que he presenciado y vivido.
No importa qué tan difíciles se pongan las cosas, hablar abiertamente con colegas y personas en las que confío me ha ayudado. Simplemente reconocer que estoy exhausto, admitir que me ha afectado y permitirme buscar consejo y apoyo puede ser un gran alivio.
Hay algo más que también he aprendido: por más importante o poderosa que pueda ser una historia, no es más importante que la vida y la seguridad de un periodista.
Esa lección ha quedado conmigo.
Para que los periodistas sigan haciendo su trabajo, necesitamos medidas y sistemas de seguridad firmes. Al mismo tiempo, me da fuerzas saber que las historias difíciles que saco a la luz pueden ayudar a acercar algo de verdad al público.
Cuando nuestro periodismo produce resultados positivos, la sensación de logro no se compara con nada. Esos momentos me dan la motivación para continuar en esta profesión y avanzar. A veces desearía que, en mis inicios como periodista, alguien me hubiera advertido sobre el daño psicológico que podía causar esta profesión.
Pero quizás nada en esta vida —o en este trabajo— sea por completo sencillo.
A pesar de todo lo que he vivido y toda la incertidumbre que persiste, estoy intentando volverme psicológicamente más fuerte y construir hábitos más sanos y equilibrados en mi vida diaria.
El camino de un periodista puede estar lleno de presión, peligro e incertidumbre. Aun así, sigo determinado a seguir por el camino que elegí: dar visibilidad a las voces de las personas.
Los desafíos que enfrenté me han vuelto más maduro y resiliente. Elegí verlos como lecciones que me están convirtiendo en un periodista con mayor fuerza, resiliencia y compasión.





