Comprender como los derechos digitales evolucionan requiere observar de cerca a las comunidades que lo moldean

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Originalmente publicado en Global Voices en Español

Crowd and tents at Tahrir Square, Cairo, Egypt February 8, 2011

Plaza Tahir El Cairo, Egipto, 8 de febrero de 2011. Foto por Mona en Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Este articulo lo publicó originalmente Electronic Frontier Foundation (EFF) el 30 de abril del 2026. Global Voices reproduce una versión editada con autorización. También forma parte de la serie de octubre de 2026, “Gigantes tecnológicos y autoritarismo«. Puedes apoyar esta cobertura con una donación.

En 2011, el concepto de «derechos digitales» era todavía reciente. En las décadas anteriores, comunidades de código abierto y hackers, y también una cantidad importante de organizaciones defendían los derechos digitales. Fue con la unión de comunidades dispares alrededor del mundo en la década de 2000 que se logró entender que los derechos digitales son una extensión de los derechos humanos fundamentales.

En 2011, vemos que solo había un pequeño grupo de organizaciones en derechos digitales en la región. Grupos como Nawaat, que surgió en Túnez durante el régimen de Ben Ali; la Fundación Árabe para la Expresión Digital, que se fundó para promover el uso creativo de la tecnología; y SMEX, que inicialmente se creó para enseñar a periodistas y otros sobre medios sociales, han crecido hasta convertirse en una poderosa fuerza de la región. Estos grupos lideraron la marcha.

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Desde entonces, han surgido diversas organizaciones a lo largo de la región para promover la libertad de expresión, innovación, privacidad y seguridad digital.

Entender cómo evolucionaron los movimientos por los derechos digitales en el oeste de Asia y el norte de África requiere una mirada más detallada a las comunidades que los moldearon y las organizaciones que llevan la lucha hoy. Las perspectivas de las organizaciones y personas fueron esenciales para estos esfuerzos; dan una mirada crítica a cómo el movimiento se ha desarrollado y los obstáculos que le aguardan. Reem Almasri, veterano investigador y asesor de la soberanía digital, declaró:

‘Digital rights’ emerged as a term around the Arab Spring, when the internet was still a fairly unregulated space, we were still trying to figure out the tech companies’ policies, and force governments to look at the internet as a fundamental right like water and electricity.

But then the need to converge digital rights to everyday rights—economic, political, social rights—and to connect it to geopolitics has started to be thought about, and to be in discussion as well. And to not look at digital rights as a separate field from everything else that’s affecting it, from the geopolitical context.

Los «derechos digitales» surgen como un término durante la Primavera Árabe, cuando internet era un lugar relativamente no regulado; todos intentábamos comprender las políticas de las empresas y hacer que los Gobiernos vean internet como un derecho fundamental, como el agua y la electricidad.

Pero entonces se ha empezado a pensar en la necesidad de converger derechos digitales a derechos cotidianos (económicos, políticos y sociales), y conectarlos con la geopolítica, y debatirlo también. Y ver los derechos digitales  como un rubro separado de todo lo demás que los afectan, desde el punto de vista geopolítico.

En 2008, Mohamad Najem, cofundador de SMEX, que la ha liderado hasta convertirla en la mayor organización de la región, declaró en su momento que «nadie les dio mucha importancia [a las redes sociales] en nuestra región». Su trabajo tuvo un «planteamiento hacia las redes sociales, cómo podemos democratizar la transmisión de información y cómo podemos transmitir más desde la sociedad civil, cambiar la opinión de las personas, etcétera».

También comentó que «luego de esa fase creemos que alrededor del 2012-2013, después de la Primavera Árabe, como organización, comenzamos a observar la infraestructura de internet, y también cómo la libertad de expresión y la privacidad son ven afectadas. Fue allí cuando empezamos a indagar en lo que llamamos derechos digitales».

Hacia la responsabilidad tecnológica

Tras la Primavera Árabe, las empresas de medios sociales pasaron de una perspectiva de no intervenir a un control más estructurado, casi siempre poco transparente, con sistemas de moderación de contenido más formalizados. Las plataformas expandieron sus equipos de confianza y seguridad, además de trabajar de cerca con la sociedad civil a través de alianzas de confianza en la región y a nivel global. Sin embargo, Najem comentó:

After the expansion of tech accountability itself and the adaptation of tech companies, we’ve noticed that it’s not taking us anywhere. Gradually we’ve come to a new phase where it feels like tech accountability is an economy by itself that is not leading to real results. So the next phase for us at least and maybe for others in global majority communities is how we can focus on digital public good, how we can push more governments, private and public institutions to adopt more open source software, to look at the ecosystem and understand the US threats happening now, et cetera.

Luego de la expansión de la responsabilidad digital y la adaptación de las empresas tecnológicas, nos percatamos de que no nos lleva a ningún lado. Gradualmente, hemos entrado en una nueva etapa en la que la responsabilidad tecnológica es un negocio que no conduce a resultados auténticos. Así que la próxima etapa para nosotros y la mayoría de comunidades globales era cómo promover el bienestar digital público, cómo presionar a los Gobiernos, que las instituciones públicas y privadas adopten más software de código abierto, mirar el ecosistema y entender las amenazas de Estados Undos, etcétera.

Otro grupo que tuvo un rol fundamental en la lucha por los derechos digitales y la responsabilidad tecnológica en la región es 7amleh, organización palestina fundada en 2013. En su momento, Jalal Abukhater declaró:

[I]t was unique and interesting in Palestinian society to have a human rights organization dedicated fully to the topic of digital rights, you know, human rights in a digital format. However, with the years, we saw various milestones, we saw progress of policy decisions and movements through the Israeli government to influence content moderation in Big Tech companies. We saw problems there as an organization.

7amleh took a leading stance in fighting to preserve the digital rights of Palestinians during a period where there was a very strong influence through the Israeli government. There was actually quite important reporting coming through 7amleh on the situation of online content moderation at a time when it wasn’t really a topic being discussed but it was very clearly a situation where there was major influence by government and political suppression happening as a result.

Fue interesante y único en la sociedad de Palestina tener una organización de los derechos humanos dedicada exclusivamente a derechos digitales, derechos humanos en el ámbito digital. Sin embargo, con los años hemos visto varios hitos, el avance de políticas de decisión y movimientos a través del Gobierno de Israel para influenciar en moderar contenido en las grandes empresas tecnológicas. Vimos problemas en eso como organización.

7amleh lideró la lucha para preservar los derechos digitales del pueblo palestino en un momento en el que hubo gran influencia del Gobierno israelí. Es más, hubo una cobertura importante de 7amleh sobre la situación en línea cuando el tema no se discutía, pero era claramente una situación en la que hubo influencia del Gobierno, y como resultado hubo represión política ocurría.

Ecosistema en constante expansión

En sus orígenes, los movimientos de derechos atraían especialistas; hoy en día, personas de diferentes campos reconocen que los derechos digitales interactúan con su trabajo, y la comunidad de derechos digitales los han aceptado. Almasri comenta:

Because the digital rights movement has been decentralizing and has stopped being a speciality, it stopped being an exclusive thing for digital rights specialists, since of course the internet not only in the Arab region but all over the world has become a fundamental infrastructure for running any kind of sensitive operations, or operations in general…all types of organizations, and companies, and initiatives are thinking about their digital security, about how internet laws are affecting the use of the internet, or putting them at risk, and how surveillance technologies are affecting their operations.

Como el movimiento por los derechos digitales se ha descentralizado y ha dejado de ser una especializado, ya no es algo exclusivo para los especialistas en derechos digitales, porque internet no es solo una infraestructura fundamental para la región árabe, sino también para todo el mundo, para transmitir cualquier operación delicada u operación en general… cualquier organización, empresa e iniciativa reflexionan sobre la seguridad, cómo las leyes de internet afectan su uso o lo ponen en riesgo, y cómo la tecnología de vigilancia afecta sus operaciones.

Abukhater reconoce al trabajo colaborativo que surgió en la región con el pasar de los años para construir la fuerza del movimiento:

[Today], civil society and digital civil society have many forums, many coalitions and networks, but it’s always important to remember that this is work that builds over many years of experience, and relationships, and networks—that it’s different parties coming to support each other at different phases to ensure that this kind of work succeeds and that this ecosystem is sustained globally with support from partner organizations which were very crucial in ensuring that this ecosystem is sustained, especially in Palestine.

[Hoy], la sociedad civil y la digital tienen muchos foros, muchas coaliciones y redes, pero siempre es importante recordar que es el trabajo de muchos años de experiencia, relaciones y redes, que son diferentes de sus partes que se apoyan unas a otras en diferentes fases para asegurar que este tipo de trabajo funcione, y que este ecosistema se sostiene de forma global con apoyo de organizaciones socias, que fueron cruciales en asegurar que este ecosistema se sostenga, en especial en Palestina.

 Crecientes colaboraciones

Algunas conferencias, como Pan y red, que se celebró por primera vez en 2018, y también el Foro de Activismo Digital de Palestina, que se celebró por primera vez en 2017, reúnen a activistas, académicos, periodistas y otros profesionales para conectar y aprender unos del trabajo de otros. La pandemia, conflictos y otras barreras no impidieron que se realizara ninguna conferencia. El Foro de Activismo Digital de Palestina se ha convertido en un evento virtual anual que atrae oradores importantes, mientras que Pan y Red ha espaciado sus conferencias, pero todavía atrae mucha gente en cada ocasión.

Almasri también atribuye que estas conferencias han expandido el movimiento más allá de los fanáticos de la tecnología y los activistas que se involucraron. «Se ve un amplio espectro de campos. Se ven artistas, activistas y periodistas que se integran a las conversaciones, algo positivo cuando se refiere a este ámbito o este ambiente».

También reconoce la creación de alianzas como la Alianza de Derechos Digitales para Medio Oriente (que EFF integra), fundada en 2020 por organizaciones y personas que trabajaron juntos por años para formalizar esas colaboraciones.

«Además de las colaboraciones a nivel de defensoría, la Alianza de Derechos Digitales para Medio Oriente crea una suerte de punto de tensión que apunta a las grandes empresas tecnológicas, a las políticas de moderación de contenidos, que permite coordinar a nivel de Naciones Unidas, etcétera, lo que veo como algo muy positivo porque junta algunos esfuerzos redundantes y ayuda a decidir las prioridades».

Hacia el futuro

En cuanto al futuro del movimiento, Almasri y Najem coinciden en que los derechos digitales ya no son un nicho. En palabras de Najem: «Se trata sobre todo lo demás… Se trata de todo», y Almasri añade:

[W]hen it comes to priorities, things that this scene has been working on, I feel that October 7 [2023] was a big turning point in the way that digital rights activists, researchers, and academics—this field—is looking at digital rights in general. Of course, there is the major question of the need to revise tactics to fight Israel’s tech-enabled genocide that is also empowered by the global economy, big tech, and governments of the world?  What alliances should we start building on a regional and global level?

En cuanto a las prioridades, en las que este ámbito ha trabajado, yo siento que desde el 7 de octubre [de 2023] fue un punto de inflexión en cómo los activistas por los derechos digitales, investigadores y académicos observan los derechos digitales en general. Por supuesto, hay un gran cuestionamiento de la necesidad de revisar las tácticas para combatir la tecnología genocida de Israel, que también está potenciada por la economía global, grandes empresas tecnológicas y Gobiernos del mundo. ¿Qué alianzas se deben construir a nivel regional y a nivel global?

Ve la «soberanía digital», la capacidad de las personas y las comunidades de elegir, controlar y usar la tecnología que sirve a sus intereses y valores, como uno de los grandes temas que el movimiento debe abordar, mientras los debates sobre quién tiene y aloja nuestros datos han aumentado entre revelaciones de que las empresas de estadounidenses han jugado un rol en conflictos regionales.

There have been pockets of debates on how to achieve digital sovereignty, especially from human rights organizations documenting war crimes … There’s an awareness of how the dependence on US-based providers, cloud storage, even hosting infrastructure is a risk, especially after how using these services has been weaponized against the digital existence of certain organizations in the region that have been deplatformed or had their content removed on platforms like Meta and YouTube because their content doesn’t align with the foreign policy of the United States…so it raises a big question about how we look at digital independence, what is the spectrum of independence that civil society in the region can achieve, and in relation to what’s available as well.

Han ocurrido múltiples debates sobre cómo alcanzar la soberanía digital, especialmente de organizaciones de derechos humanos que documentaron crímenes de guerra… Se sabe que la dependencia de proveedores estadounidenses, manejo de la nube, e incluso la infraestructura para el alojamiento es un riesgo, sobre todo después de que el uso de estos servicios se usó como arma contra la presencia digital de algunas organizaciones de la región, a las que se les ha retirado el acceso a plataformas como Meta y YouTube, o se ha eliminado su contenido porque este no se alinea con la política exterior de Estados Unidos… así que esto plantea una gran pregunta sobre cómo vemos la independencia digital, cuál es el alcance de la independencia que la sociedad civil de la región puede alcanzar y, además, en relación con lo que está disponible.

Almasri también señala el rol de los investigadores de la región:

There has been a lot more research on the political economy of surveillance technologies, so not only looking at how governments are using them, but their supply chain, who’s investing in these technologies, and how geopolitical networks empowered their proliferation in the hands of governments.

This is where studies looking at the political economy of AI and the military become important, trying to understand how this field of weapons, the military, and AI grew together as part of this global capitalist system rather than looking at these technologies in silos, that is. Looking at the proliferation of these technologies from a geopolitical point of view, looking at the bigger ecosystem rather than zooming in to the specifics of it. I think this has been a big development in the way that we look at digital rights, and the way that digital rights have been converged and integrated into the geopolitical scene.

Ha habido muchas más investigaciones en la política económica de tecnologías de vigilancia, por lo que no solo se debe observar cómo los Gobiernos las utilizan, sino también su cadena de suministros, quién ha invertido en estas tecnologías y cómo las redes geopolíticas potencian su proliferación en manos de los Gobiernos.

Aquí es donde los estudios sobre política económica de la IA y el Ejército cobran relevancia: intentar entender cómo este campo de las armas, el Ejército, además de la IA, se desarrollaron juntos como parte de un sistema global capitalista, más que observar estas tecnologías aisladamente. Analizar la proliferación de estas tecnologías desde el punto de vista de la geopolítica, analizar el ecosistema mayor en lugar de centrarse en lo específico del asunto. Yo creo que esto ha sido una gran novedad sobre cómo percibimos los derechos digitales y cómo convergen y se integran en el ámbito geopolítico.

A medida que las comunidades globales de derechos digitales siguen expandiéndose, es evidente que los cuestionamientos en su núcleo ya no son sobre acceso o expresión, sino sobre quienes controlan el poder, cómo lo ejercen y quién está a cargo de la seguridad. Lo que comenzó como una lucha para mantener el internet abierto se ha convertido en una iniciativa mayor para reimaginarlo, un esfuerzo que cuestiona cosas como la infraestructura, la propiedad y las desigualdades globales que derivan de ambos factores.

Aun así, a pesar de la magnitud de estas dificultades, la fuerza del movimiento recae en la solidaridad, los ecosistemas y las redes que ha dedicado más de una década a construir. Desde los primeros días de publicar blogs y las comunidades fanáticas de la tecnología hasta las comunidades por los derechos digitales, defensores en la región que han enfrentado dictadores, soportado guerras y represión, se mantienen firmes en seguir avanzando.

Escrito (English) por Jillian C. York
Traducido (Español) por Mauro Catalán
Ver artículo original (English)