En Camerún, los ‘bals dansants’ son encuentros comunitarios de baile que se organizan durante las vacaciones
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Desde niños a mayores, el bals dansants une generaciones a través de la música y el baile. Fotografía de Julienne Honba. Usada con autorización.
Por Julienne Honba
Cada vez que llegan las vacaciones, los jóvenes de Ebolowa en el sur de Camerún y de los pueblos circundantes se reúnen para noches de baile comunitario que combinan entretenimiento, socialización y actividad económica.
En Ebolowa, Camerún, ya es tarde cuando la música finalmente suena lo suficientemente alta para atraer a la gente a la pista de baile. A esas horas, el pueblo de Olem, en el departamento de Mvila, en la región sur de Camerún, suele estar tranquilo. Pero el 26 de julio, la noche de su baile anual, la atmósfera es diferente. Jóvenes de Ebolowa o de otras comunidades cercanas han viajado para una noche que muchos esperan desde hace meses.
Estos encuentros se conocen habitualmente en francés como bals dansants; encuentros de bailes comunitarios que se organizan durante las vacaciones. No son necesariamente festivales formales, no existe un programa elaborado, una ceremonia oficial ni respaldo institucional, pero año tras año la gente acude.
Dylan Akono, de 23 años, vive y estudia en Ebolowa. Para él, regresar al pueblo durante las vacaciones para asistir al bals dansants se ha convertido en una tradición anual. «Lo que realmente disfruto de estas noches es el ambiente animado. Puedes conocer y relacionarte con mucha gente», contó en una entrevista para Global Voices. «Acercarte a gente que no conoces en el baile puede ser difícil, así que es más fácil quedarte con tu grupo de amigos».
Gente de todas partes de la región se congrega para el evento. Es el caso de Alice Ateba, 21 años, que vive en Yaundé, la capital política de Camerún. Esta fue la primera vez que asistía al baile de Olem. «Este es el pueblo de una amiga. Me habló sobre este evento y decidí venir por curiosidad, la noche ha sido realmente agradable. Ha sido una gran experiencia», dice sonriendo. «Si tengo la oportunidad de regresar, regresaré».
La pista de baile es el centro del todo. Es poco más que un trozo de terreno verde, pero al anochecer adquiere el aire de una discoteca de pueblo. Unas tenues luces iluminan el espacio, mientras cuatro palos clavados en el suelo marcan los límites de la pista de baile y una abertura sirve de entrada y salida. Más allá, la noche continúa en torno a los bailarines. Grupos de jóvenes charlan de pie mientras bares provisionales y pequeños puestos atienden a los asistentes. Dentro del recinto improvisado la música toma el mando.
El evento está abierto a cualquiera que quiera participar, aunque los jóvenes del pueblo constituyen gran parte de los asistentes. Su carácter informal puede ser una de las razones por la que estos encuentros han perdurado durante generaciones. No se necesita ningún sistema de invitaciones. Se fija la fecha. Se corre la voz. La gente va.
Sin embargo, informal no significa falta de organización. Julius Embolo, 23 años, miembro del equipo organizador, dice que los bailes han sido parte de la vida del pueblo desde que tiene uso de razón. «Estos bailes ya se hacían cuando yo nací», dijo a Global Voices. Cada pueblo tiene su propia fecha para los encuentros. Una vez que comienzan las vacaciones, miembros del comité organizador se reúnen para hablar de los detalles prácticos, como dónde se llevará a cabo el baile y qué medidas de seguridad se deberán implementar.
«Las conversaciones son informales», añade. Los organizadores simplemente se sientan juntos y acuerdan lo que se debe hacer. «La fecha ya se sabe, pero la ubicación puede cambiar dependiendo de la disponibilidad de los espacios en los pueblos», continúa. Esto significa que algunas veces los organizadores tienen que ponerse en contacto con los jefes de los pueblos para conseguir un espacio adecuado para esa noche. «Llegamos a acuerdos con los jefes de algunos pueblos para poder utilizar determinados espacios».
El resultado es un encuentro que parece espontáneo para quienes llegan atraídos por la música, pero que depende de una pequeña red de personas que trabaja entre bastidores para hacerlo posible. No hay un comité formal del festival, ni un programa elaborado, ni un lugar fijo. Sin embargo, las fiestas de baile siguen siendo un punto de encuentro para la comunidad y una rara oportunidad de reunirse y relacionarse en persona, lejos de la presión de los dispositivos modernos.
Más que bailar
La pista de baile es solo una parte de la historia. A su alrededor surgen pequeños negocios que dan vida a una próspera economía informal. Los bares provisionales se instalan para esa noche, mientras que los vendedores ofrecen bebidas y refrescos. Cuanto más baila y habla la gente, más necesita beber. Jacqueline Mendomo, conocida popularmente como Mamó Jackie, es una de las muchas vendedoras que ven una oportunidad en estas multitudes. Esa noche instala un pequeño puesto de bebidas y aprovecha el encuentro para ganar algo de dinero. «Después de horas bailando y hablando, la gente tiene sed», dice Mamó Jackie. «Noches como esta normalmente atraen a más clientes porque la gente pasa varias horas en la celebración, moviéndose entre la pista de baile», añade.
Sin embargo, para cualquiera que venga de Ebolowa o de otros lugares, llegar al pueblo puede ser complicado. Para cuando comienza el baile, el transporte diurno ya se ha reducido bastante. Para llegar a Olem, hay que ir a la terminal de transporte de Newbell, en Ebolowa. La terminal está mucho más tranquila de lo que está durante el día, y como mucha gente ya duerme y hay menos opciones de transporte disponible, las tarifas pueden aumentar. Las mototaxis se convierten en una de las principales opciones. Algunas veces las motos se comparten entre tres o cuatro personas, dependiendo de las circunstancias. Una viaje que puede costar cerca de 500 francos CFA (0.89 dólares) por persona durante el día puede ascender a cerca de mil francos CFA (1.80 dólares) por la noche, según dicen quienes viajan a los encuentros. El problema del transporte no es solo una cuestión de precio, sino también de seguridad.
Una comunidad que todavía quiere encontrarse
Camerún está cada vez más conectada digitalmente. Sin embargo, la conectividad no significa necesariamente que los jóvenes hayan dejado de buscar espacios físicos para reunirse. La pregunta no es si a los jóvenes todavía les gusta bailar. La pregunta más difícil es si los encuentros como estos mantendrán el mismo atractivo a medida que el entretenimiento se vuelva más digital. Por ahora, lo que ocurre en Olem sugiere que todavía tienen algo que ofrecer.
Quizá lo más interesante sobre estos bailes sea lo que revelan sobre la relación de los jóvenes con la comunidad. Un teléfono puede conectar a alguien con cientos de personas sin necesidad de salir de su habitación. Un baile exige lo contrario. Hay que ir en persona. Hay que ver gente. Hay que hablar y reírse, o simplemente estar a su lado mientras suena la música. La interacción física importa.
El trabajo de la UNESCO sobre patrimonio cultural inmaterial destaca que la participación comunitaria puede ayudar a sostener prácticas culturales e identidades colectivas. En Camerún, la UNESCO ha reconocido las tradiciones culturales asociadas a la comunidad étnica de Ekang, como Mvet Oyeng, tradición que combina música, narraciones épicas y danza. Los bailes de los pueblos de los alrededores de Ebolowa muestran que la cultura va más allá de museos y de festivales oficiales. También puede vivir en encuentros donde las comunidades continúan reuniéndose generación tras generación.
En una época en la que los jóvenes pasan varias horas frente a una pantalla, el baile en el pueblo ofrece una experiencia diferente. Para la muchacha que asistía por primera vez a un baile de estas características, la experiencia fue más que suficiente para que prometiera regresar. Para quien participa habitualmente, no queda ninguna novedad por descubrir, solo una tradición familiar de la que dicen nunca se cansarán. Quizá la sencillez es lo que mantiene el bals dansants vivo. La música todavía saca a la gente de casa, los bares provisionales abren y cuando llegan las vacaciones, los pueblos de los alrededores de Ebolowa tienen una razón para permanecer despiertos.






