Mientras los recuerdos de 1.200 personas fallecidas en los ataques de Hamás se acumulan a la vista de todos, muchos israelíes reviven día a día esa jornada de horror, se multiplican las consultas por problemas de salud mental y crece el sentimiento de que el mundo solo atiende la situación del enclave palestino, pero no las secuelas de la guerra del otro lado de la frontera.

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