Treinta años después, la cinta de Baz Luhrmann mantiene intacto su estatus de culto noventero gracias a un vestuario icónico, una estética adictiva y un lenguaje cinematográfico irrepetible
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Treinta años después, la cinta de Baz Luhrmann mantiene intacto su estatus de culto noventero gracias a un vestuario icónico, una estética adictiva y un lenguaje cinematográfico irrepetible

Treinta años después, la cinta de Baz Luhrmann mantiene intacto su estatus de culto noventero gracias a un vestuario icónico, una estética adictiva y un lenguaje cinematográfico irrepetible