El país euroasiático acoge a una de las mayores comunidades de este grupo minoritario perseguida por Pekín. La diáspora vive en un estado de incertidumbre entre la nostalgia por su tierra, la falta de noticias de sus familiares y el temor a la represión ante el acercamiento comercial y diplomático entre su país de acogida y el que les persigue

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