Los manifestantes exigen desarrollo, trabajo y dignidad, los mismos lemas que llevaron a la revolución de 2011
Originalmente publicado en Global Voices en Español

Captura de pantalla del video «Tunecinos protestan contra el presidente: la infraestructura crítica tiene problemas para seguir adelante en verano» en el canal de Al Jazeera en inglés en YouTube. Uso legítimo.
Este artículo de Basma Barakat se publicó originalmente en The New Arab el 18 de setiembre de 2026. Global Voices reproduce una versión editada como parte de un acuerdo de colaboración de contenido. También forma parte de la serie Spotlight de Global Voices de septiembre de 2026 «Protesta en democracia«. Puedes apoyar esta cobertura con una donación.
En varias provincias tunecinas han aumentado las protestas populares que reclaman desarrollo, empleo y dignidad, las mismas consignas que dominaron la revolución que estalló el 14 de enero de 2011. Por primera vez desde entonces, el público general se ha unido a los desempleados en la protesta, frustrados tras años de promesas incumplidas, leyes que no se aplican y condiciones que empeoran.
Las protestas estallaron el jueves 17 de septiembre después de una gran movilización en Menzel Bouzaiane, provincia de Sidi Bouzid, donde surgió la revolución de 2011. A continuación, hubo una segunda movilización bajo la consigna “Trabajo, libertad, dignidad nacional”.
En la provincia de Kasserine en el centro-oeste de Túnez hubo «tensiones sin precedente» el martes 15 de septiembre cuando graduados universitarios desempleados, acompañados por sus hijos y familias, protestaron y pidieron que se aplicara la ley 18 de 2025, que regula su contratación en el sector público.
Las protestas continuaron en la provincia de Gabes en el sur de Túnez y en muchas otras provincias. El 14 de septiembre, se hicieron nuevos llamados a una protesta regional en el exterior de la sede de la gobernación de Gabes.
En respuesta al creciente enojo, el presidente Kais Saied celebró una reunión el 15 de septiembre con el primer ministro, Sarra Zaafrani Zenzri, y el ministro de Economía y Planeamiento, Samir Abdelhafidh, para discutir el borrador de la ley de finanzas de 2027.
En una declaración, Saied destacó la necesidad de asegurar un «equilibrio nacional», dar «oportunidades de trabajo» y dignidad dentro de un plan de desarrollo de cinco años.
Lazos entre el sector político, económico y social
Wissem Sghayer, vocero del Partido Republicano, declaró para The New Arab que «el movimiento social es, en esencia, un movimiento político: reúne y entrelaza los problemas económicos y sociales».
Para Sghayer, «el momento vendrá cuando todos los problemas converjan en el mismo punto», y explicó que un elemento importante es el Sindicato General de Trabajadores de Túnez y su llamado a una huelga general.
«Todos están interconectados y son elementos complementarios, ya que el sindicato tiene un papel fundamental en el diálogo nacional y es un componente fundamental de la situación general. A pesar de que su intervención disminuye, su participación el 17 de septiembre representa un mensaje a las autoridades de su posición contra el autoritarismo y la injusticia».
Para Rafik Abdessalem, exministro de Exterior y líder del movimiento Ennahda, el creciente movimiento de protesta en la capital y el resto del país incluye reclamos por los cortes de agua y electricidad, y por falta de empleo, servicios y marginación, entre otros problemas.
Según Abdessalem, con la entrada del Sindicato General de Trabajadores de Túnez a escena mediante acciones regionales en preparación para un paro general, el panorama social se dirigía a mayor tensión, lo que indica un malestar similar a la atmósfera que precedió a la revolución de Túnez en 2011.
Sobre todo es el caso por incapacidad de las autoridades de satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos, y rechazo por todas las formas de diálogo y negociaciones sociales, como si su mensaje a la sociedad tunecina y sus fuerzas políticas y sociales fuera que la única manera de lograr algo es por medio de protestas populares.
Abdessalem explicó: «a pesar de la represión sistemática de las autoridades golpistas con arrestos, juicios políticos y silenciamiento de personas con el Decreto 54, que restringe la libertad de expresión, en el panorama político hay una creciente movilización, representada por la formación de iniciativas políticas y sociales y frentes políticos».
«Sin embargo, lo que se ha observado hasta ahora es que los movimientos políticos y sociales van por rutas relativamente paralelas, pero con el tiempo han estado convergiendo, sobre todo mientras la gente se da cuenta de que las demandas sociales, sin organización ni horizonte político, quedan con un impacto limitado», añadió.
El jefe de Estado de Túnez
Para Abdessalem, las protestas sociales comenzaron a incluir lemas políticos dirigidos al jefe de Estado, sobre todo luego de que se encontraron con una pared de indiferencia, manipulación y represión por parte el régimen: «el panorama probablemente se mueva, a través de acumulación de crisis y aumento de las protestas, a más superposición y convergencia entre los caminos políticos y sociales».
Destacó que el Sindicato General de Trabajadores de Túnez, que se ha distanciado claramente de las autoridades tras el último congreso del jueves 17 de septiembre, había incluido en sus comunicados y reivindicaciones sindicales cuestiones relacionadas con las libertades, la oposición a los juicios políticos y el uso del poder judicial.
«Túnez está recuperando su antigua tradición política basada en la acción organizada política y social, y en la coordinación y trabajo en conjunto de confrontar a una autoridad que busca perjudicar a todos los cuerpos intermediarios y destruir todas las ganancias conseguidas con la revolución», destacó Abdessalem. «El lema de la revolución, ‘El pueblo quiere’, se ha convertido en ‘El líder quiere’, sin el pueblo, garantías ni supervisión».
Según el exministro, «la lección más importante que los tunecinos aprendieron de la revolución es que las demandas sociales, si permanecen dentro de un marco sectorial o regional, tendrán un alcance limitado, pero cuando se combinan con la acción política, pueden convertirse en impulsores importantes para el cambio».
Recalcó también que Túnez se acerca a la convergencia de varias corrientes de protestas sociales y lucha política que se fundamentan en restaurar la libertad y la democracia, particularmente porque las promesas de las autoridades se desvanecen, y sus fracasos aumentan en todos los niveles.
El desempleo aviva las protestas
Según Ramadhan Ben Omar, investigador especializado en movimientos sociales, las protestas de desocupados se intensifican a lo largo del país, y el alcance geográfico se expande a diario.
«Las autoridades van a tener una verdadera prueba: o enfrentan estas protestas con métodos tradicionales, es decir, seguridad y represión, o intentan desacreditarlas a través de una retórica sobre conspiraciones, traición y la existencia de actores externos», declaró, y añadió, «esta es la retórica a la que recurren las autoridades cuando hay movimientos vinculados a las demandas sociales y económicas, y no solo buscan desacreditar las protestas por derechos y de la sociedad civil».
«Los desempleados continuarán avergonzando a las autoridades y haciéndolas responsables. Enfrentan dos posibilidades: o se someten y promulgan las órdenes para la ley 18 de 2025, que se refiere a disposiciones excepcionales para contratación en el sector público y la función pública de titulados universitarios que llevan mucho tiempo sin empleo, o las protestas tomarán otra dimensión, pues varios partidos con demandas distintas pueden unirse», explicó.
Wiam Othmani, activista de la sociedad civil y uno de los desempleados de Menzel Bouzaiane, declaró para The New Arab que el movimiento allí es pacífico «pero que puede seguir aumentando porque la ley 18, publicada en el Diario Oficial en 2025 y que dispone empleo para quienes han estado desempleados mucho tiempo, no se ha aplicado ni se han cumplido las promesas hechas a los desempleados».
Han pasado 14 años desde la última vez que Othmani tuvo empleo; otras personas han estado sin empleo por 20 o 25 años, o quizás más. «No hay vuelta atrás», dijo, «las protestas no tienen liderazgo, pero nos organizamos entre nosotros para asegurar que mantenemos la paz hasta que nuestros pedidos de trabajo y dignidad se cumplan».




