Por primera vez en el país, un candidato logró dar la vuelta a los resultados en la segunda vuelta

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Originalmente publicado en Global Voices en Español

Lula waves Brazil's flag surrounded by a crowd of supporters in São Paulo, during the campaign.

Luiz Inácio Lula da Silva ondea la bandera de Brasil ante una multitud de partidarios en São Paulo, durante la campaña electoral de 2026. Foto de Ricardo Stuckert/Lula Oficial en Flickr (CC BY-SA 4.0).

El 7 de abril de 2018, Luiz Inácio Lula da Silva, que había sido presidente de Brasil dos veces, esperaba en el edificio del Sindicato de los Metalúrgicos, en São Bernardo do Campo, estado de São Paulo, donde comenzó su vida política en la década de 1970, que la Policía Federal lo arrestara tras ser condenado por corrupción y lavado de dinero.

Gilberto Carvalho, uno de sus aliados más antiguos, recordó luego que habían previsto una multitud de 50,000 personas, pero solo 10,000 personas esperaban afuera. Lula miró por la ventana, lo tomó del brazo y dijo, “Gilbertinho, vamos a la guerra con los soldados que tenemos”.

El 25 de octubre de 2026, ocho años después de ese día, Lula fue elegido presidente de Brasil por cuarta vez, con el apoyo de miles de personas en las calles y un ejército propio en línea.

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El Supremo Tribunal Federal anuló luego las condenas en su contra, resolvió que la instancia de menor jerarquía no tenía jurisdicción y que no era imparcial. Lula pasó 580 días en prisión.

Su más reciente victoria es también la primera vez en que un candidato fue elegido tras perder la primera vuelta en Brasil. En 20 días, Lula, miembro del Partido de los Trabajadores, logró revertir la ventaja de Flavio Bolsonaro de 2.2 millones de votes en una victoria con una diferencia de 4.4 millones de votos.

Como explicó la BBC, ambos candidatos aumentaron sus votos en la segunda vuelta, en una elección con la menor tasa de abstención desde 2006. La victoria del izquierdista llegó de cinco millones de nuevos votantes, con una disminución de ausencias, votos blancos y nulos, dice el portal de noticias UOL. Además, dejó al mundo asombrado, preguntándose cómo lo logró.

En las calles y un ejército en línea

Lula gathered support of massive crowds in the streets and an online army led by federal deputy André Janones, who poses with him during a livestream

Lula reunió el apoyo de grandes multitudes en las calles y un ejército en línea dirigido por el diputado federal André Janones, que posa con él durante una transmisión en vivo. Fotos de Ricardo Stuckert/Lula Oficial en Flickr. Composición de Global Voices en Canva Pro.

Lula reinició su campaña en la segunda vuelta, llevó a nueva gente a su equipo y dirigió el llamado factor R—ruas e redes (calles y redes)—, que empezó orgánicamente y luego fue continuado por su equipo. El 5 de octubre, mientras muchos estaban desalentados por los resultados de la primera vuelta, estudiantes de la Universidad Fluminense Federal tomaron las calles en la ciudad de Niterói, estado de Rio de Janeiro, en un acto a favor de Lula que se esparció nacionalmente en las siguientes semanas.

Las actividades oficiales de Lula también pasaron del escenario que usaron en la primera vuelta y fueron a las calles a marchas masivas, encabezó las multitudes desde un camión y habló a sus simpatizantes sobre sus propuestas, su propia historia, y las amenazas que presentó su oponente, todo mientras ondeaba la bandera de Brasil.

El 7 de octubre, el diputado federal André Janones publicó sobre una iniciativa que atacaría los medios sociales y colaboraría con dar un giro a la elección. En X, Janones escribió que había reunido a 1.5 millones de personas para un canal de WhatsApp, e invitaba a más a unirse: “esta es la ÚNICA forma de romper la burbuja, ya que el algoritmo solo entrega orgánicamente contenido de la derecha”. Tras amenazas de que la corte electoral lo desarticularía, para el día de las elecciones, el canal público tenía 11 millones de personas.

La guía de Janones para medios social, apodada “janonismo cultural”, incluía ignorar publicaciones de los oponentes y disponer acciones coordinadas, como la tendencia viral de los seguidores de Lula con la camiseta amarilla de la selección nacional, símbolo que de que la derecha se apropió por más de diez años. A cada comando que se dio a los soldados del “ejército de Lula” —nuevas etiquetas, una publicación para participar, una transmisión en vivo—, Janones contestaba con letras mayúsculas con una orden: “EXPLOTA”. La metodología ya está inspirando a gente en España y Francia.

🚨 ATTENTION! People are mistranslating what I said!

I NEVER said people should block far-right accounts. I said they should IGNORE THEIR POSTS!

Blocking actually works against this strategy because the algorithm will understand that you didn’t see the content simply because you blocked the account.

However, when a post appears in your feed and you ignore it, you don’t read it, don’t like it, don’t comment on it, or engage with it in any way, the algorithm will interpret that content as irrelevant because it was shown to you and you chose not to engage with it!

THERE IS A HUGE DIFFERENCE BETWEEN BLOCKING CONTENT AND IGNORING IT!

— André Janones (@AndreJanonesMG) October 28, 2026

🚨 ¡ATENCIÓN! ¡Están malinterpretando lo que dije!

NUNCA dije que se debieran bloquear cuentas de extrema derecha. ¡Dije que debieran IGNORAR SUS PUBLICACIONES!

Es más, bloquearlas va en contra de esta estrategia porque el algoritmo interpretará que no viste el contenido simplemente porque bloqueaste la cuenta.

Sin embargo, cuando aparece una publicación en tu cronología y la ignoras —es decir, no la lees, no le das “Me gusta”, no la comentas ni interactúas de ninguna manera—, el algoritmo interpretará ese contenido como irrelevante porque te lo mostraron y tú decidiste no interactuar.

¡HAY UNA GRAN DIFERENCIA ENTRE BLOQUEAR CONTENIDO E IGNORARLO!

Durante la campaña, los usuarios acusaron a Meta de afectar su participación cuando publicaban contenido a favor de Lula. El 16 de octubre, Folha de S. Paulo informó que los trabajadores de Meta admitieron que las cuentas de Lula “quedaban ocultas por las restricciones”. La empresa de tecnología negó todo sesgo político después de que el tribunal electoral le ordenó tratar igual a ambos candidatos.

La campaña también se vio impulsada por un cambio en la retórica, dice la antropóloga Rosana Pinheiro-Machado. “No era movilización en un vacío. Lula se centró menos en la soberanía y más en las preocupaciones concretas de la gente”.

El día de las elecciones, la movilización a favor de Lula también tuvo como resultado que acudieran a sufragar brasileños mayores de 70 años, que no están obligados a votar, algunos acompañados por sus parientes, todo en nombre de la democracia.

El riesgo de los Bolsonaro

De otro lado, los bolsonaristas empezaron la segunda vuelta con la celebración de que sus candidatos lograron grandes victorias para el Gobierno estatal, el Senado federal, la cámara baja y parlamentos estatales de norte a sur. Dos hijos de Jair Bolsonaro, su esposa y un hermano fueron elegidos.

Pero en los 20 días que siguieron, las escenas de las actividades bolsonaristas llevaron a muchos brasileños a preguntar qué país querían. En un acto de la campaña de Flavio en la avenida Paulista de São Paulo, punto tradicional para protestas políticas, sus partidarios tenían un misil inflable con el mensaje “Trump destruye Brasil con armas nucleares”, que muchos vieron como una declaración traicionera. En otro hecho en Río, se vio a un hombre blanco con cadenas de plástico, con el nombre de Lula en su espalda. El hombre dijo a la Policía que la idea era representar al líder izquierdista como Satán. También hubo un aumento de la violencia políticas, que incluye amenazas, golpes y muertes.

A eso hay que agregar el peso de la propia historia de Bolsonaro, junto con un creciente sentir antibolsonarista. Jair, padre de Flávio, está bajo arresto domiciliario por un intento de golpe de Estado que incluía un plan para asesinar a Lula, su vicepresidente Geraldo Alckmin, y un juez del Tribunal Supremo. El propio Flávio se comprometió a cambiar la Constitución de 1988, creada después de la dictadura militar, una vez electo.

Flávio, de 45 años, siempre fue considerado menos radical que su hermanos menores, pese a anunciarse como antisistema, incluso cuando ya era político electo desde 2002. Esto siempre le garantizó un foro privilegiado y protección cuando las investigaciones se acercaban. En 2020, el exjuez Sergio Moro, que condenó a Lula, renunció como ministro de Justicia de Jair Bolsonaro después de que el presidente trató de intervenir en la Policía Federal para proteger a Flávio, en ese entonces sospechoso en un “desfalco y un plan de lavado de dinero” en su oficina de diputado estatal.

Durante la campaña de 2026, la prensa brasileña expuso los vínculos de Flávio con escándalos. Por ejemplo, el dinero que recibió de un banquero caído en desgracia para la película biográfica de su padre (Dark Horse), sin probar el destino final de los fondos.

Actualmente, Flávio está bajo investigación en tres procesos en el Tribunal Supremo. Después de perder las elecciones, viajó a Estados Unidos después de que la Policía Federal pidió confiscar sus pasaportes (tiene también nacionalidad italiana) por considerar que existe peligro de fuga.

Último baile de Lula

Brazilians waiting in line to vote, in Brasília, the country's capital, on October 25.

Brasileños en fila a la espera de votar en Brasilia, capital del país, 25 de octubre. Foto de Fabio Rodrigues-Pozzebom/Agência Brasil. Usada con autorización.

El día de las elecciones, ambas campañas pidieron al Tribunal Supremo Electoral extender el periodo de votación. La campaña de Lula solicitó una extensión tras informes de que los alcaldes aliados de Bolsonaro redujeron el transporte público en algunas capitales, mientras Flávio sostuvo que las tormentas en los estados donde tenía mayor apoyo afectó la asistencia de votantes. Después de que el Tribunal Supremo Electoral no resolvió sobre las solicitudes, fueron derivadas a la Corte Suprema, donde el juez Cristiano Zanin, exabogado de Lula designado por el tribunal, resolvió que las urnas debían estar abiertas dos horas más. Zanin fue elegido aleatoriamente para el caso.

Pese a que la resolución contestó su reclamo, Flávio ha estado usando esto como motivo para impugnar los resultados, aunque fueron reconocidos por el presidente del Tribunal Electoral, Kassio Nunes Marques, juez supremo designado por Jair Bolsonaro, a sugerencia de Flávio. Su partido —Partido Liberal— también publicó una nota que reconocía la victoria electoral de Lula. Cerca de 34,000 votos se registraron en el periodo extendido, que tuvo poco impacto en los números finales.

La candidatura de 2026 era la sétima vez que Lula postulaba a la presidencia y su cuarta elección. Aunque es conocido como popular líder, en agosto, el 43% de brasileños desaprobaba su gobierno. La campaña subestimaba la frustración con el desempeño del fiscal del Gobierno, la deuda pública, la tasa de inflación y que la gente seguía vinculando a la izquierda con escándalos de corrupción, aunque figuras vinculadas a la derecha están en el centro.

Las tácticas defensivas de Flávio a inicios de la campaña fueron las promesas de un enorme recorte a todo gasto público, al estilo de las medidas de Javier Milei en Argentina. Uno de los designados en su equipo económico habló abiertamente sobre privatización. Esto llevó a muchos inversionistas y las clases altas a su lado. Sin embargo, en la segunda vuelta, al ver la elección, bajó el tono y empezó a prometer que mantendría los programas sociales de los gobiernos de Lula, sin explicar los números de su plan de gobierno.

Con una mayoría de bolsonaristas y políticos de derecha en el Senado y la Cámara Baja, Lula empezará el más complicado de sus cuatro periodos en 2027.

Además de lidiar con una deuda federal de 11 billones de reales (cerca de dos trillones de dólares), prometió en su discurso de victoria: “Este será el periodo en que escucharé más al pueblo brasileño sobre qué quieren que haga en este país. Trabajaremos para fortalecer nuestra comunicación digital. Hasta tengo un celular nuevo. Prepárense».