Brasil atraviesa una de las crisis más graves de los últimos años y el epicentro está, paradójicamente, en la institución que durante la última década se ha convertido en el baluarte de la defensa de la democracia: el Tribunal Supremo. La fractura en la máxima corte tiene lugar en medio de una campaña presidencial polarizada, en la que el ultraderechista Flávio Bolsonaro y el mandatario de izquierdas Luiz Inácio Lula da Silva también resultan salpicados. ¿Quién pierde y quién se beneficia?

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