Las pistas químicas conservadas dentro de los dientes de rex fosilizados revelan que el dinosaurio mantuvo una temperatura corporal de unos 97 grados Fahrenheit, casi idéntica a los humanos. El hallazgo proporciona evidencia directa de que el depredador gigante fue calentado, ayudando a explicar cómo se mantuvo activo y sobrevivió en ambientes fríos hasta el norte de Alaska.

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